La imagen de Tampico se endereza
Julián Javier H.
Ninguna batalla se gana sin un buen ejército, y por eso se deben elegir los mejores combatientes. Esto es justamente lo que acaba de hacer la alcaldesa de Tampico con la designación de Raúl Sinencio Chávez como cronista de la ciudad.
En estricto sentido, fue el Cabildo porteño, por mayoría de votos, el que aprobó este nombramiento, pero el acierto de postularlo recayó en la licenciada Mónica Villarreal. Ella viene a ser la generala de este Ejército, el gobierno municipal, del que no se escriben muchas victorias, por cierto. Ha sido un año y medio difícil para la alcaldesa a causa de diversas polémicas que han dividido a los ciudadanos. Por ser la responsable de este batallón, ella ha tenido la culpa de todos los errores, según sus adversarios. Yo avizoro que gran parte de esto se debe a la ineptitud de sus colaboradores, que no la fortalecen. Pero, ahora, en el cargo de cronista de la ciudad, ha mejorado en este renglón. Y por algo se empieza.
El puesto lo ocupó antes Aurelio Regalado Hernández, elegido el 18 de octubre de 2024, quien también provocó el aplauso de muchos; nadie como él narró los episodios más importantes de Tampico en los últimos 20 años, y parecía destinado al cargo. Por desgracia, enfrentó problemas de salud y no pudo continuar. Otro problema o enfermedad que vio fue la burocracia municipal, que degradaba la función del cronista, principalmente en una oficina cercana a la presidencia.
Pero este es el momento de celebrar la llegada de Raúl Sinencio, y las razones para ello sobran. De su amplia experiencia y preparación da una imagen completa el currículum que el municipio entregó públicamente. En cambio, quiero hablar de las cualidades que lo convierten en una persona admirable y respetada por sus cercanos.
Tuve la suerte de inaugurar el Diario de Tampico en 1990 y de conocer, de golpe, a tres personas brillantes: Aurelio Regalado, Raúl Sinencio y Roberto León González Alexandre. Solían reunirse en el café Caramelo, sito en la calle Díaz Mirón, entre Aduana y López de Lara. Ahí me encaminaba en las tardes para aprender algo de ellos. Pero debo centrarme en Raúl para mantener el hilo del discurso y evitar la dispersión de los lectores, si los hubiera.
Sinencio es de la estirpe de los grandes conversadores, hábil para sazonar una charla con temas inesperados. Es un hombre muy informado y le interesa lo nuevo. Su conocimiento del pasado es poderoso porque es su gusto. Y, en el centro de sus meditaciones, está la búsqueda de una sociedad justa.
Raúl posee una inteligencia privilegiada para descubrir algo nuevo en territorios archisabidos. Me hace recordar una cualidad que Ricardo Piglia hallaba en Borges, de quien decía que la genialidad de este no radica en lo que sabe, sino en lo que se fija.
En Raúl van juntos el conocimiento y la curiosidad, la cultura y la creación. No me extraña que diputados, dirigentes políticos y académicos hayan procurado su compañía y hasta su consejo, ya que sus dotes son bien conocidas.
Su designación viene a enderezar un poco la imagen del gobierno municipal, ya que muchos funcionarios quedan a deber. Será un buen servidor público encargado de preservar y difundir la memoria local. Recuerdo que Aurelio Regalado tenía planes magníficos para enriquecer esta labor, pero se vio frustrado por la indiferencia del área a la que estaba subordinado. Nunca se quejó de esto ni lo mencionó en su renuncia. Pero yo, en mi carácter de preguntón, lo interrogué sobre esos proyectos y supe que sus mejores ideas morían en el papel gracias a la indolencia de Carlos Alberto García Porres, el secretario del Ayuntamiento.
No era la primera vez que oía este nombre relacionado con un problema municipal. En prácticamente todos los conflictos de este gobierno salía a relucir García Porres, no por culpa directa sino por ausencia y omisión. Las multas de la CFE, las protestas de los vecinos, el pleito de la prepa Matías S. Canales y la desinformación general, todo ha caído sobre la alcaldesa y es la imagen que retiene la gente. Estos asuntos pudieron tener otro sentido con un secretario del Ayuntamiento más avispado (como un Ricardo Ramírez o un Ley Fong). Pero García Porres se reserva en estas tempestades y no se moja.
En conclusión, nombrar a Raúl Sinencio el cronista de la ciudad es un acierto de este gobierno. Ahora falta coronar esta decisión con todo el apoyo que el investigador necesita.



