*La necesidad fue su principal impulso. Hoy, después de aproximadamente diez años tocando en las calles, asegura que la música es su único oficio y también su mayor pasión.
Por Diana Alvarado
Bajo el intenso sol de las avenidas del sur de Tamaulipas, entre el ruido de los motores y la prisa cotidiana de los automovilistas, las notas de un violín logran abrirse paso. Detrás de ellas está Esteban Hernández, un músico tampiqueño que desde hace una década ha encontrado en las calles su escenario y en la música su forma de vida.
Instalado en las principales calles de la zona centro Tampico y Ciudad Madero, Esteban reconoce que cada jornada es una apuesta incierta.
«Es una ruleta, un volado. Como te puede ir bien, te puede ir mal, tanto en lo económico como en lo emocional. Cada día es diferente», comenta mientras sostiene el instrumento que lo ha acompañado durante años.
Su historia no nació en academias ni conservatorios. Tampoco aprendió rodeado de maestros especializados. La necesidad fue su principal impulso.
Hoy, después de aproximadamente diez años tocando en las calles, asegura que la música es su único oficio y también su mayor pasión.
Con el paso del tiempo ha logrado mejorar su equipo de trabajo. Actualmente cuenta con bocina, teléfono celular y también aprovecha las redes sociales para compartir su talento mediante transmisiones en TikTok y Facebook, plataformas donde asegura que ha encontrado buena respuesta del público.
Originario de Tampico, Esteban se define como un hombre de la zona sur de Tamaulipas. A sus 36 años comparte la vida con su esposa y una pequeña hija de tres años. Este mes, además, celebra cinco años de matrimonio.
Aunque en diversas ocasiones le han ofrecido integrarse a agrupaciones musicales, ha decidido mantener su independencia.
Lejos de los reflectores y los grandes escenarios, Esteban ha construido una carrera propia, acompañando con melodías los altos momentáneos de los semáforos y las historias de quienes cruzan su camino.
Antes de despedirse, deja un mensaje sencillo pero profundo para los jóvenes y para cualquiera que busque su propio rumbo:
«Siempre le digo a la gente que haga lo que le gusta y no lo que le convenga».
Y mientras el tráfico vuelve a avanzar, el sonido de su violín permanece por unos instantes más, recordando que el arte también encuentra hogar en las calles.