Vicente Hernández no compra vacunas.

Gran Tampico

Por Julián Javier H.

Por los rumbos de la laguna, al atardecer, un amigosacó a su perro a pasear; llevaba también una bolsa con croquetas para darle de comer en el camino.

Hacía tiempo que veía a un perro callejero por el área y pensó compartirle algo del mismo alimento. Se detuvo en ese punto y le sirvió tanto al suyo como al otro; el extraño olfateó la comida y la tomó con gusto. Con la cabeza baja, flaco y solitario, a mi amigo le causó lástima y lo quiso acariciar: fue un error; el animal tiró un mordisco velozmente y le abrió una herida en el dedo. En segundos, la mano se tiñó de sangre.

El paseo se acabó: ahora tenía una urgencia por la mordedura de un perro desconocido.

Tan pronto volvió a su casa, se lavó la herida con jabón y la dejó debajo del chorro de agua, pero la sangre manaba también como una llave abierta. Mientras esperaba la coagulación, entendió que debía actuar rápido. Tenía la posibilidad de ir a la clínica de Pemex o al Centro de Salud a pedir atención, pero se decidió por este último, ya que le quedaba cerca.

¿Cuándo fue la última vez que estuvo ahí? ¿Treinta, quizás cuarenta años? No importaba.El Centro de Salud seguía en el mismo lugar, en el barrio de La Unión, y era un sanatorio confiable para primeros auxilios.

Mi amigo llegó a su destino con el dedo envuelto en papel. Ahí vio mucho personal en los pasillos, en los módulos y en la sala de espera, y eso aumentó su confianza. El Centro de Salud de Tampico había crecido y era casi un pequeño hospital, o daba esa impresión.

Se acordó del perro que lo atacó y acudieron a su mente numerosas preocupaciones; podía tener rabia o ser portador de bacterias raras, ya que el cánido no llevaba una vida muy saludable en la calle.

No pasó demasiado para que entrara a consulta.En privado, el médico volvió a curar la herida con agua, jabón y un desinfectante de los que hay en farmacias. Mi amigo le contó el incidente del perro;ya estaba más relajado cuando el galeno, de pronto, le dijo que podía retirarse.

-Pero, ¿y la antirrábica? -le preguntó.

-Lo siento- respondió el médico-. No la tenemos.

-Bueno; en ese caso, póngame la antitetánica.

-Tampoco la tenemos. Tendrá que conseguirlas usted mismo.

Eso fue todo: de su visita al Centro de Salud de Tampico, mi camarada salió con el dedo relavado y la receta de un antibiótico.

En otras palabras, de la Secretaría de Salud de Tamaulipas, este ciudadano mordido por un perro callejero recibió agua, jabón y mertiolate, tres ingredientes que hay en casi todos los hogares.

Lo sorprendente es la cantidad de dinero que le asignaron este año a los servicios de salud, casi 6 mil 140 millones de pesos, más que a la Universidad Autónoma de Tamaulipas. ¿No alcanzaba con eso para comprarvacunas esenciales?

Mandar a la casa a un ciudadano mordido quizás por un animal rabioso es poco humanitario. De hecho, es incongruente decirse humanitario y no proveer de medicinas a quien lo necesita, con tantas pesetas a su alcance.

Todo eso pensé al oír la historia de mi viejo compañero, un abogado querido por mucha gente. Podría ser un caso solitario y no un problema general. Podría estar equivocado. Pero, no; la crisis del servicio estatal de salud es real.

Tampoco hay medicamentos en el Centro “La Morita”, de Altamira; ni en el Hospital Rodolfo Torre Cantú, de ese mismo municipio; ni en el Carlos Canseco, de Tampico. Hágase una búsqueda rápida y encontrará cientos de casos que lo confirman.

El año pasado recibí una denuncia de trabajadores del Hospital Canseco, que incluía fotografías. Manifestaban que el edificio tenía con cinco elevadores, pero sólo uno funcionaba. Los sanitarios, además, parecían calabozos medievales, sucios del suelo al techo.

¿Dónde están los 6 mil 140 millones de pesos que ya recibe la Secretaría de Salud? ¿A qué se debe el abandono de los centros y hospitales? ¿Por qué faltan vacunas de aplicación permanente?

El sector salud en Tamaulipas ha cambiado demasiado desde el 2022: ahora está peor y el responsable es Vicente Joel Hernández Navarro, actual secretario Estatal. Cuesta creerlo, pero hay personal que extraña a Gloria Molina, la secretaria de Francisco García Cabeza de Vaca, investigados los dos por corrupción.

Ella, al menos, no pagaba por adelantado a proveedores como hizo Hernández Navarro, quien autorizó un contrato de 310 millones de pesos a la empresa MANIFLOSA S.A. de C.V., en una licitación absurda en la que también competían una juguetería y un negocio de hidrocarburos, en diciembre de 2024.

Con un funcionario así, ¿qué le espera a los neonatos, a los enfermos de cáncer, a las personas con dengue, o a los mordidos por un perro, un gato o cualquier alimaña callejera?

Ojalá que queden en manos de la suerte, con posibilidades iguales de salir bien o mal, como mi amigo el licenciado. Porque quedar en manos de Vicente Hernández Navarro no trae nada bueno.

(Lea las entregas anteriores en el sitio https: //grantampico.blogspot.com/)

 

MÁS NOTICIAS:

VISITAS

3545534

ENTREVISTAS

Advierten desafíos financieros por segunda línea del acueducto

* El Secretario del Ayuntamiento de Ciudad Victoria reconoce déficit operativo de Comapa ante nuevos proyectos hidráulicos. Por Julio Manuel Loya Guzmán. Cd. Victoria, Tamaulipas. -...

COLUMNAS

El Mundial debe jugarse en todo Tamaulipas

David Ed Castellanos Terán @dect1608 El Mundial debe jugarse en todo Tamaulipas La Copa Mundial FIFA 2026 está a la vuelta de la esquina. México volverá a...