CUADRANTE POLÍTICO
POR FERNANDO ACUÑA PIÑEIRO
ARGENTINA, EL GRAN IMPOSTOR DEL MUNDIAL
Mi tema es la política. Pero a raíz de las atrocidades cometidas por el arbitraje de la FIFA y su máximo dirigente Gianni Infantino, (un suizo-italiano, que más bien parece haber nacido en Sicilia, por aquello de la mafia), abordo hoy, lo que sin duda pasará a la historia, como el torneo mundialista de futbol más manoseado y corrupto tras bambalinas.
Empezando por la llamada de Trump, que metió la mano geopolítica e influyente para que le restituyeran a su goleador, después de que, para efectos de reglas, no jugaría el siguiente partido. Este tipo de maniobras, ha provocado una airada protesta por parte de los dirigentes del futbol europeo.
Pasarán a la posteridad, esos boicots en contra de selecciones como la de Irán y Haití. Irán tuvo que hospedarse en Tijuana, desde ahí cruzaba a Estados Unidos, y rápidamente tenía que regresarse a su campamento base en territorio mexicano. Algo parecido al Foxiato, pero aquí era Juegas y te vas.
Se sabe que, por decisión de Infantino, (FIFA), será Trump el que entregue la copa al ganador de la actual justa mundialista.
Pero el asunto toral, es una selección de Argentina que (en los dieciseisavos de final), se vio acorralada por Cabo Verde, y tuvo que ser salvada por el árbitro, comiéndose un penal a favor de los llamados Tiburones azules”.
Hacia el minuto 97 del tiempo de compensación, hubo un claro penal en contra de los albicelestes. El árbitro no lo marcó. A lo largo de todo este partido, la vergonzosa actitud de los jueces de la cancha, fue muy obvia.
Había clara consigna de que la selección sudamericana, pasara a como diese lugar. Ha sido tal el escándalo, que directores técnicos de renombre mundial como José Mourinho, señalaron que Cabo Verde no jugó contra un equipo, sino contra el sistema.
Si el caso de Cabo Verde ha sido escandaloso, lo que acaba de suceder con Egipto, otro modesto equipo del continente africano, es la puerca gota que derrama el vaso. Cerca del minuto 60 le anularon el que hubiese sido el gol del triunfo a Egipto.
Otra pifia, por no decir que un cínico y hamponesco arbitraje, fue cuando le concedieron un penal a favor de Messi, y que fue detenido por el portero egipcio. Ah, por cierto, hablando de estas marranadas arbitrales, del partido recién concluido este martes, a los argentinos no los tocaron, ni con el pétalo de una amonestación. Mientras que, a los egipcios, les sacaron cinco tarjetas amarillas.
Con este tipo de cochinadas, la FIFA y sus autoridades buscan llevar a Argentina a la final, donde se enfrentará contra Francia. La pregunta es si también a los galos les harán las mismas trampas y marranadas que hicieron para blindar a una selección albiceleste que de coronarse campeona, estará muy lejos de ceñirse con dignidad la corona.
Al margen de las complicidades ya mencionadas o entretejidas con ellas, otro de los ángulos a analizar, es el tema de las multimillonarias apuestas. En algunos partidos los resultados de los primeros minutos, dan la impresión de que ganarán los débiles, pero al final terminan imponiéndose los poderosos.
Se habla de un monto de 50 mil millones de dólares en materia de apuestas a nivel global. Al concluir el torneo, la cifra podría alcanzar los 60 mil millones de billetes verdes.
Estos 60 mil millones de dólares superan casi en un cien por ciento los 35 mil millones que se apostaron durante el mundial de Qatar 2022.
El tema de las apuestas, considerado como el mega negocio de este evento internacional, está íntimamente ligado a lo que hasta ahora ha sucedido en la cancha mundialista.
En este contexto, la hipótesis principal es la siguiente:
La primera es que están inflando a Argentina, para que al final, las apuestas le favorezcan y pierda frente a Francia.
Es obvio que, contra viento y marea, y a costa de su mala y corrupta imagen, la FIFA busca reeditar la final de Qatar. Todas etas truculencias que estamos viendo sobre la cancha, donde Argentina ha sido rescatada dos veces de perder frente a equipos pequeños, es solamente con la intención de darle oxígeno para llevarla ante Francia, y consumar la estafa maestra en materia de apuestas.
Y es que si Francia llegase a perder en la corta ruta hacia la final, las ganancias de las apuestas de lo que sería Argentina, contra cualquier otro rival, carecerían de sentido. Y de interés por apostar. La gran final es la ruta natural de ambos equipos, perfilados a derrotar a sus oponentes.
Infantino, el gran orquestador de este mega fraude rodante, seguirá dándole oxígeno a la Argentina de Messi. Y al mismo astro sudamericano. Al final en materia de individualidades, Messi será la gran figura. Pero Argentina perderá. Porque con ese futbol saturado de vedetismo, no será campeón, ante Francia.
De esa manera, Infantino se reconciliará con la enfadada federación del futbol europeo.
Y tutti felici. Todos contentos.
Posdata. —En caso de un eventual triunfo argentino, también le favorecería a Trump, como líder supremo de la ultraderecha a nivel global.
En todo caso, mantenemos nuestro análisis a favor de que, en una final Argentina-Francia, Messi alcanzará la gloria individual. Pero no su país Argentina.