Gran Tampico
COBRO DE PISO
Por Julián Javier H.
Sí, progreso, mucho progreso, quisiera para Tampico; seguro que la mayoría piensa como yo, sobre todo los que tenemos hijos, sobrinos y otros pequeños. Mañana tomarán nuestro lugar y sería lamentable que nos lo reclamarán.
¡Cómo ha cambiado la ciudad o, más bien, cómo ha cambiado la zona conurbada! Sin duda, habría menos desarrollo si no se hubiera construido el Libramiento Luis Donaldo Colosio; acorta tanto el viaje al municipio de Altamira que los insensatos corren a ciegas y causan desastres. También la avenida Valles simplificó el tránsito del bulevar López Mateos a la avenida Hidalgo, incluso al Libramiento Poniente, y destapó la inversión en ese trayecto. Un nuevo Tampico está naciendo ante nuestros ojos.
Y, sin embargo, la meta está lejos. Hay planes para reconfigurar la Antigua Aduana Marítima y el muelle número 4 en un atracadero turístico. También la Isleta Pérez ostenta un gran potencial a pesar de su abandono. Además, egresa suficiente talento de las universidades locales para sustentar ese crecimiento.
Una prueba de que existe compromiso con el progreso fue la sequía de 2024. La ciudad se quedó sin agua y donde antes hubo lagunas asomó la tierra muerta. Se sufrió, se luchó y se odió, pero valió la pena, pues el gobernador autorizó la adquisición de plantas desalinizadoras, capaces de potabilizar el agua de mar.
Podríamos resumir la visión de la ciudad en los siguientes objetivos: más infraestructura, tanto carretera como turística, más educación y, sobre todo, más agua. La planta anunciada protegerá a la ciudad de otra crisis.
Los recuerdos de la misma están aún frescos como para repasar los daños causados. Hasta las clases se suspendieron, pero ya podemos estar tranquilos. Hay acciones y metas en marcha.
A estas metas hay que agregar el segundo piso de la avenida Hidalgo que el gobernador citó en Ciudad Victoria. Ciertamente, fue extraño que lo hiciera primero allá, pero la noticia llegó pronto a Tampico y causó asombro.
Técnicamente, se trata de un viaducto que pasará por encima de las avenidas Las Torres y prolongación avenida Hidalgo, en Tampico, y la avenida de la Industria (antes carretera Tampico-Mante), en Altamira. La extensión será de 4.5 kilómetros y terminará poco antes de Petrocel. ¡Será como un monorriel futurista que se eleva sobre casas, árboles y calles y te lleva, sin pausas ni atascos, a tierras altamirenses!
Pronto olvidaremos los viajes en cámara lenta por la avenida Hidalgo, dicen las autoridades. La obra costará 15 mil millones de pesos, de los cuales 6 mil millones se ejercerán este año. Ningún proyecto, en todo el estado, iguala esta inversión.
Todavía emocionados, los tampiqueños oyeron entonces un detalle medio oculto en la información: el segundo piso sería de cuota, como el de la Ciudad de México. Es decir, un nuevo insumo a los costos de la zona.
Si tomamos como referencia el viaducto capitalino, el peaje rondaría los 90 pesos por vehículo, aunque solo es un estimado. A muchos maestros y trabajadores petroleros, que viajan diariamente a Altamira, les convendría usarlo, pero sería insensato pagar 100 pesos diarios por viaje o, más bien, 200 (por ida y vuelta).
Si una mente perversa quisiera obligarlos a subir al viaducto, colocaría semáforos en cada esquina de la antigua carretera Tampico-Mante hasta desquiciar el tránsito. También podría demorar la señal roja de los ya instalados para tener el mismo resultado.
A pesar del ambicioso proyecto, un sentimiento agridulce invadió a muchos tampiqueños. Es progreso, sin duda, pero con cargo al bolsillo personal.
Esto me recuerda una vieja historia que me gustaría contarles, aunque tenga que reelaborar algunos pasajes porque comienzo a olvidarla.
Anwar había ahorrado 80 mil dinares para comprar una carreta. Era comerciante de vasijas y deseaba ir a la ciudad de Ecbatana (Persia), donde el comercio florecía. Estaba cansado de batallar en las aldeas y se esforzó en reunir la cantidad necesaria.
Un día pasó frente a la vivienda de su vecino, Monir, y este le dijo:
–Anwar, tienes que venir a la fiesta.
–¿Qué fiesta, vecino? ¿Y en dónde? –preguntó Anwar.
–Aquí mismo, en mi casa. Te espero pasado mañana –dijo Monir–. Y no te preocupes por el vino.
Llegado el día, Anwar visitó a Monir y pudo constatar que, en efecto, abundaba el fermentado. El buen humor se apoderó de los convidados, que eran doce. Anwar disfrutaba el momento y se alegró de haber ido.
Entonces Monir lo interrumpió.
–Hay vino, pero falta la comida. Anwar, ¿quieres ayudarnos con eso?
Anwar no pudo negarse porque le habían rellenado tres veces la copa.
–No tienes que pagar de inmediato –le dijo el vecino–. Lo vemos al final.
La comida conseguida mejoró aún más la reunión. Anwar hablaba y reía con todos, pero Monir se apartó del grupo y estaba serio.
–Vecino, ¿qué sucede? –preguntó el comerciante.
–Me muero de vergüenza. He reunido a mis mejores amigos, pero no puedo ofrecerles música.
Anwar se quedó callado. Pensó que ignorar la congoja de su anfitrión sería mezquino. Y aceptó pagar a los músicos.
Ahora ya, ¡qué bien casaban la bebida, los bocados y el sonido de cítaras y tambores! Aquello era un banquete a toda ley. Anwar empezaba a soñar despierto, estimulado por todos los ágapes, cuando Monir lo distrajo.
-Faltan las bailarinas, vecino. Son a la fiesta lo que las rosas al jardín. No me diga usted que está conforme.
Anwar lo estaba, pero la idea de las mujeres le turbó el cerebro y aceptó pagar las bailarinas.
Las gratas horas que pasaron juntos se fueron de prisa, como ocurre siempre con las alegrías, y antes del amanecer uno a uno se marchó. Monir, el vecino, se quedó dormido, pero Anwar seguía despierto, igual que el cocinero, los músicos y las bailarinas, a quienes les debía los salarios. Cuando saldó la última cuenta, sus 80 mil dinares se habían diluido.
¿Somos los tampiqueños los invitados a una fiesta que terminaremos pagando, desfalcados, como el personaje persa? Ciertamente, el segundo piso de la avenida Hidalgo es una moneda de dos caras: por un lado, de progreso; por el otro, de imposición.
En la campaña de 2022, Américo Villarreal visitó Tampico y nunca habló de un segundo piso; menos, de cuota.
En la campaña de 2024, Mónica Villarreal recorrió la ciudad y tampoco lo mencionó.
En cambio, los tampiqueños entregaron a ambos sus propuestas para mejorar la ciudad. Destaca la reunión Diálogo con Candidatos, organizada por la Canaco, a la que asistió la licenciada Villarreal el 24 de abril del año pasado. Ahí dijo uno de los socios: “El tema principal es el agua”.
En efecto: negocios, familias y trabajadores entraron en crisis por la sequía. Para atajarla, el gobernador Américo Villarreal anunció la apertura de tres plantas desalinizadoras, una de ellas traída de Dubai; eran portátiles y operarían de inmediato. También, se reforzarían los diques del sistema lagunario.
Hoy, esos objetivos urgentes, si no vitales, están abandonados, pero quieren construir un viaducto cuyo beneficio costará a los ciudadanos.
Parece que los tampiqueños y el gobernador miran en direcciones diferentes; los primeros piden agua y proyección turística; el segundo, vialidades de pago. ¿Quién debe decidir lo que Tampico necesita?
Tan solo el costo de esa obra resulta perturbador. Comparemos algunos proyectos similares para tener una idea: la autopista Mante-Ocampo-Tula, de 106 kilómetros, se cotiza en 8 mil millones de pesos. El Segundo Piso del Periférico, de 12.4 kilómetros, se tasó en 5 mil millones de pesos. El de Tampico, de 4.5 kilómetros, supone 15 mil millones de pesos.
Con ese dinero podríamos reconstruir el Centro Histórico, reparar todos los diques y elevarlos, abastecer el Hospital Carlos Canseco, que hoy semeja una morgue; también, modernizar el transporte público y aún quedaría algo para el Acueducto II de Victoria.
Pero la idea del Gobierno de Tamaulipas es otra: empezará por el segundo piso de Tampico, de tarifa, aunque se haya dicho que el tema principal es el agua.
Literalmente, tendremos progreso con cobro de piso.




