Gran Tampico
ENSALADA DE LOCOS
Por Julián Javier H.
En la oscuridad de mi recámara, alumbrado por la pantalla del celular, no paraba de reír.
De vez en cuando mi esposa me daba un codazo para callarme. Pero, ¿cómo decirle que López Obrador tenía la culpa? Así es, damas y caballeros, era culpa del expresidente.
Rebasaba la una de la madrugada cuando comencé a leer una vieja publicación sobre el pleito de Miguel Ángel Yunes Linares y el tabasqueño. Hace ocho años, López Obrador era el líder nacional de Morena, y Yunes Linares, gobernador de Veracruz. Y ambos se odiaban.
“Aunque parezca increíble”, publicó Andrés Manuel el 25 de mayo de 2017, “Yunes Linares es más rico y perverso que (Javier) Duarte, pero mientras éste cayó de la gracia de la mafia del poder y lo exhiben como chivo expiatorio, al actual Gobernador de Veracruz lo protege Salinas, ‘el mero mero”’.
Me causó mucha gracia el lenguaje aniñado y elemental de López Obrador (sin fundamentos, como siempre); hacía tiempo que no lo recordaba.
A renglón seguido, el exmandatario describió la riqueza deslumbrante del veracruzano: 100 millones de pesos en cuentas bancarias, así como propiedades en México y Estados Unidos, valuadas en más de 400 millones de dólares, “que una persona con un salario de 8 mil pesos mensuales no podría alcanzar ni en 66 vidas”.
Claramente, un corrupto, del tipo que Morena llama adversario.
Cualquiera se preguntaría cómo es posible que un truhan así camine libre por las calles sin pagar por sus delitos. López Obrador, en cambio, sabía la respuesta, y la razón de la impunidad, a su juicio, se encontraba en la prensa vendida y en la naturaleza intocable de Yunes.
“Por eso la prensa del régimen se apega a la máxima de ‘no tocan al intocable’ y lo pintan como una blanca paloma. Allá ellos, nosotros seguiremos sosteniendo que la verdad nos hará libres y no somos mesiánicos”, dijo el tabasqueño.
¿No somos mesiánicos? Ni a cuento venía decir eso, pero así era él, repetía en voz alta los defectos que le señalaban los enemigos como si, al hacerlo, estos desaparecieran o se ablandara su significado.
La verdad, se notaba alterado López Obrador, y no era fácil quebrarlo, a menos que lo exhibieran en situaciones denigrantes. Entonces continué la lectura y di con la causa: en efecto, había una grabación en la que una mujer aseguraba recoger dos millones y medio de pesos con Javier Duarte para darlos, mes con mes, al movimiento obradorista.
“No, López Obrador, eres un corrupto y tú lo sabes”, dijo el veracruzano en vídeo, “sabes perfectamente bien que mientras yo denunciaba a Duarte y lo llevaba a la cárcel… tú recibías tu lana cada mes y la querías seguir recibiendo, por eso estás enojado conmigo”. Ah, con razón. Por cierto, esa costumbre lopezobradorista de recolectar efectivo la ha sostenido Elena Chávez, autora del libro El rey del cash, título que lo dice todo.
López Obrador contraatacó y dijo que tenía en su poder una “carpeta azul”, llena de pruebas contra Yunes, que alguien le envió anónimamente, pero que él sospechaba del Cisen o de inteligencia militar. Con eso presentaría la denuncia penal.
Vino luego el episodio más chusco: Yunes abrió el legajo y únicamente halló recortes de periódicos. “Ya salió López Obrador con otra locura. Ahora dice que tiene una carpeta azul con denuncias presentadas en mi contra ante la PGR… Eres un corrupto y para que no se les olvide, ahí les dejo este videito con Eva Cadena, que es tu representante”. Era la mujer que recogía los donativos de Duarte, atrapada in fraganti, como Pío López Obrador.
Yunes y el tabasqueño pasaron así todo el 2017, deseándose la cárcel.
Ahora atravesemos ocho años hacia el futuro y detengámonos el 13 de febrero de 2025. Adán Augusto López Hernández, líder de los senadores morenistas, casi hermano de López Obrador, recibe con los brazos abiertos a Miguel Ángel Yunes Linares en los patios de la Cámara Alta.
La prensa lo interroga porque no tiene llamado a sesión, y Yunes titubea. Pero Adán Augusto responde por él:
-Viene a saludarme y a acompañarme. ¡Es nuestro amigo!
El asunto se tramita con una fotografía del exgobernador veracruzano; en la mano sostiene su nueva credencial como militante de Morena.
Para México, Yunes Linares ha sido un trepador de partidos y ambiciones personales, que lo mismo lo llevan a pertenecer al PRI que al PAN y ahora a Morena. Jamás ha defendido una causa, un proyecto de desarrollo o de igualdad, pero su nombre ha aparecido en expedientes relacionados con abuso infantil. Bien mirado, representa a esa clase política que la sabiduría popular llama “mala hierba”, porque nunca paga las consecuencias de sus actos.
Él y los morenistas Cuauhtémoc Blanco, Sergio Mayer, Gerardo Fernández Noroña, Rutilio Escandón, Omar Fayad y Félix Salgado Macedonio ya no forman un movimiento social, aquella columna de lideres populares y obreros, sino una ensalada de locos, punta de extraños que se soporta por conveniencia. En los hechos, son la élite del partido, asentada sobre las espaldas de sus seguidores.
Encima de todos destacan aquellos que se deseaban tanto la cárcel, Miguel Ángel y Andrés Manuel, transformados hoy en queridos compañeros.
Sin embargo, esta parodia avanza rápidamente a la tragedia. Yunes Linares le dio el beso de Judas a México al aprobar la reforma Judicial, experimento insensato lleno de pifias, como declarar candidatos a juristas que nunca lo solicitaron. Pero el daño mayor no está ahí, sino en la designación de jueces y magistrados preseleccionados por la mayoría de Morena. Algunos afirman que aquí termina la división de poderes. Me parece el epílogo perfecto para cerrar la historia de Yunes Linares, quien se reconcilia con sus enemigos y fundan juntos una autocracia.