*La demanda ha sido tal que los comerciantes confirman: el arranque de semana fue uno de los más redituables en lo que va del mes.
Por Diana Alvarado
El bullicio comenzó desde temprano. En los pasillos de los mercados municipales no cabía ni un chile más. Amas de casa, con bolsas repletas y listas de ingredientes en mano, caminaban de puesto en puesto con una misión clara: encontrar el mejor precio —y la mejor calidad— para preparar el platillo más esperado de las fiestas patrias: el pozole.
«Subió todo. La carne, el maíz, hasta el orégano. Pero uno no puede dejar de hacerlo. Es la tradición», comenta Aurora Castillo, ama de casa que, como cada año, se prepara para cocinar una olla que reúna a toda su familia.
“El pozole no puede faltar, aunque cueste más”, agrega mientras acomoda en su carrito unas bolsas de verdura fresca.
Y no es la única. La escena se repite una y otra vez entre pasillos llenos de color, aromas intensos y voces que ofertan desde rábanos hasta cabezas de ajo. El pozole, en sus versiones rojo, blanco o verde, es el protagonista de estos días. La demanda ha sido tal que los comerciantes confirman: el arranque de semana fue uno de los más redituables en lo que va del mes.
“Desde el lunes no paramos. La gente viene decidida a comprar, a pesar de que los precios subieron un poco. Pero saben que esto se hace una vez al año, y quieren hacerlo bien”, explica uno de los vendedores del centro de abasto popular.
Aunque los costos se han elevado —especialmente en carnes y productos básicos—, las familias han encontrado maneras de ajustarse. Algunas compran en grupo, otras eligen porciones más pequeñas o sustituyen ingredientes.
Pero nadie quiere quedarse sin celebrar con una buena cucharada de pozole caliente.
Porque en México, septiembre no solo huele a pólvora y patria. También huele a maíz, chile, orégano… y al esfuerzo de quienes, entre alzas de precios y carritos llenos, hacen que la tradición nunca falte en la mesa.





