DE PRIMERA ……… LA DAMA DE LA NOTICIA
¿Hospitales de Dinamarca o Corredores de la Muerte? La Realidad que no se Ve desde el Pódium
Por Arabela García
La numeralia oficial siempre es bella. Escuchar a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, elogiar la coordinación con el gobernador Américo Villarreal Anaya y anunciar magnas obras como la segunda línea del acueducto para Ciudad Victoria o las licitaciones del Corredor del Golfo —que conectará desde Veracruz hasta Reynosa y Nuevo Laredo—, sin duda alimenta la esperanza del discurso. El anuncio de una nueva visita presidencial para inaugurar unidades hospitalarias, como el eterno y postergado Hospital General de Ciudad Madero, se vende en los boletines como el advenimiento de la modernidad.
El problema es que los discursos oficiales se topan de frente con la cruda, dolorosa e indignante realidad que se vive en las salas de espera y, peor aún, en las banquetas de Tamaulipas. Mientras el director general del IMSS-Bienestar, Alejandro Svarch Pérez, alista las tijeras para el corte de listón, en Matamoros la paciencia social llegó a su límite.
Esta semana, la Cámara Nacional de Comercio (CANACO) local, liderada por Abraham Rodríguez Padrón, junto a Jorge Cantú, vicepresidente de Previsión Social del organismo, tuvieron que hacer lo que la autoridad ignora: instalar un módulo de quejas en plena vía pública. ¿El objetivo? Que los derechohabientes tengan, al menos, un espacio donde desahogar la impotencia ante un sistema de salud que cada día está más en detrimento.
El panorama dentro de las clínicas del IMSS no es de primer mundo; parece zona de guerra. Los enfermos no son atendidos en camas, sino hacinados en sillas de plástico a lo largo de pasillos fríos, esperando un milagro. Ahí se mueren, a la vista de todos, entre la burocracia y la negligencia. Casos como el de una mujer que pasó días enteros esperando un legrado —con el riesgo latente de una septicemia mortal— o familias enteras llorando porque les niegan la atención médica a sus enfermos graves bajo la condición de conseguir donadores de sangre de inmediato, son el pan de cada día.
Y si hablamos de números reales, las estadísticas de desabasto y falta de personal en el estado son alarmantes:
Tamaulipas arrastra un déficit crónico de médicos especialistas que supera el 35% en áreas críticas como oncología, cardiología y urología.
El caso del padre de una conocida ciudadana, exdirigente del gremio de carpinteros, es el ejemplo de la humillación sistemática: un hombre de 80 años obligado a peregrinar tres veces a Reynosa sólo para que le agenden una cita de valoración en Tampico. ¿La razón? Hay zonas del estado donde la existencia de especialistas se cuenta con los dedos de una mano.
Aunque las cifras oficiales maquillen un abasto superior al 80%, la realidad es que el 20% faltante corresponde a claves de medicamentos especializados y materiales básicos de curación. Los propios médicos, cuya vocación no está en duda, trabajan con las manos atadas, sin gasas, sin anestesia y sin herramientas.
Este jueves se anuncia la visita a Matamoros del titular del Órgano de Operación Administrativa Desconcentrada del IMSS en Tamaulipas (el delegado del IMSS), Federico Héctor Marín Martínez. La pregunta obligada es: ¿A qué viene? ¿A pasearse con el séquito, a tomar café y a repetir la desgastada cantaleta de que tenemos un sistema de salud como el de Dinamarca?
Por Dios, la burla duele más que la propia enfermedad. Ya no sabemos qué es peor: si la carencia absoluta de insumos o el cinismo de quienes gobiernan desde el escritorio. Qué bueno que se construyan carreteras y acueductos, se aplaude la infraestructura; pero de nada le van a servir las vías rápidas a los tamaulipecos si los caminos de la salud pública siguen conduciendo invariablemente al camposanto. Al funcionario federal se le exige conciencia, pero, sobre todo, soluciones inmediatas. Al pueblo ya no se le puede seguir alimentando con promesas de saliva.
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