2026: ¡EL MUNDIAL DE FÚTBOL MÁS CARO DE LA HISTORIA!

2026: ¡EL MUNDIAL DE FÚTBOL MÁS CARO DE LA HISTORIA!

  • En esta edición del Campeonato Mundial de Fútbol, por cierto, el primero que se juega en tres países, México, Canadá y los Estados Unidos, al mismo tiempo, parece que ha dejado de lado que este deporte

La Copa del Mundo de 2026 ya pasó a la historia, y tiene muchas razones para ello: es la primera copa del mundo en donde participan 48 selecciones, se jugará en tres países y tendrá 104 partidos. Pero también este torneo será recordado como la edición más costosa para los aficionados.

Lo que durante décadas fue una fiesta popular hoy se ha convertido  en un espectáculo al alcance de algunos cuantos. Los boletos más económicos arrancaron en alrededor de los mil 200 pesos, mientras que las entradas premium para la final han superado los 10 mil dólares. Y algunos paquetes de hospitalidad han alcanzado cifras estratosféricas.

¿De qué tamaño es esta costosa competencia? La propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, ha afirmado que el futbol no puede ser únicamente un negocio, sino que debe conservar su esencia que es la unión social.

Sin embargo, el costo por asistir al Mundial va mucho más allá del boleto. Hospedaje, transporte y alimentos han disparado los presupuestos de quienes desean vivir la experiencia en las sedes mundialistas. En las ciudades anfitrionas se han registrado incrementos importantes en la ocupación hotelera y en los precios de servicios turísticos, mientras que el gasto promedio de los visitantes se calcula en más de 22 mil pesos por persona.

Y si, aunque se prevé una derrama económica de hasta 63,000 millones de pesos para México, diversos especialistas advierten que buena parte de las ganancias terminarán concentrándose en la FIFA, en grandes corporaciones y en la economía informal. Con ello, nos debe quedar claro que los beneficios para las economías locales serán limitados.

Con estos datos parece ser que el Mundial de 2026 representa así una enorme contradicción. Será la mayor vitrina internacional para México y una oportunidad de negocio para miles de empresas, pero también evidencia cómo el futbol moderno se ha alejado de millones de aficionados que crecieron viéndolo como un deporte del pueblo.

La pasión sigue siendo gratuita; lo que se ha vuelto extraordinariamente caro es el privilegio de vivirla desde la tribuna y desde la televisión. Quizá el verdadero reto de este Mundial no sea organizar el torneo más grande de la historia, sino demostrar que el espectáculo más universal del planeta todavía puede pertenecer a la gente que le da sentido y que son sus aficionados.

Le comparto algunos datos que me parecen importantes: este será el primer Mundial con 48 selecciones, frente a las 32 de Qatar 2022,

En donde se disputarán 104 partidos, 40 más que en las ediciones anteriores.

México albergará durante la Copa del Mundo únicamente 13 partidos, lo que representa apenas el 12.5% del total de partidos del torneo.

La FIFA informó que cerca del 25% de las entradas de fase de grupos tendrían precios inferiores a 300 dólares, lo que equivale, aproximadamente, a $5,500 pesos. ¿Será?

Para el partido inaugural en la Ciudad de México, los boletos oficiales llegaron a costar hasta 1,825 dólares, equivalentes a más de 33 mil pesos mexicanos, aunque en la reventa algunas entradas llegaron a cotizarse hasta en casi un millón de pesos mexicanos.

En paquetes hospitality, las experiencias en México arrancaron alrededor de 34 mil pesos y algunas opciones superaron los 900 mil pesos. Y para la final, algunos paquetes exclusivos alcanzan los 73 mil dólares, es decir, más de 1.3 millones de pesos mexicanos.

La FIFA recibió más de 500 millones de solicitudes de boletos, una demanda sin precedentes.

En la reventa oficial y no oficial se han detectado entradas que van de 10 mil a 610 mil pesos, e incluso algunos boletos para partidos estelares han superado el millón de pesos.

La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo estima una derrama económica de alrededor de 65 mil millones de pesos para México durante el Mundial.

La ocupación hotelera alcanzó aproximadamente 85% en Monterrey, 79% en Ciudad de México y 65% en Guadalajara durante el arranque del torneo.

Mientras el salario promedio de muchos trabajadores mexicanos ronda los 15 mil pesos mensuales, un solo boleto premium para el Mundial puede equivaler a dos, diez o incluso más de ochenta meses de ingresos de los trabajadores. La Copa del Mundo de 2026 será una fiesta global, pero también una de las experiencias deportivas más costosas y excluyentes de la historia reciente.

Felicidades a los papás, incluyendo al mío

Descanse en paz Ricardo Garza Narváez.

México cayó siete lugares en la clasificación del Índice de Competitividad Mundial 2026 al bajar del sitio 55 al 62 de una lista de 70 países, de acuerdo con el reporte anual del Institute for Management Development (IMD) con sede en Suiza.

La economía mexicana quedó detrás de países latinoamericanos como Chile en el lugar 43, Argentina en el 58, Colombia en el 59 y Perú en el 60. Solo quedó en mejor lugar que Brasil en el 65 y que Venezuela en el 70.

Asimismo, quedó lejos de países como China que logró ubicarse en el lugar 12 y de la India en el 44.

El Centro para la Competitividad del IMD dio a conocer el documento “Folleto de Competitividad Mundial 2026”, en el que explicó que México obtuvo 42.85 puntos de 100, lo que lo situó en el lugar 62.

Singapur fue país que logró obtener 100 puntos, lo que le permitió quedar en el primer lugar del indicador del IMD. En el segundo sitio estuvo Hong Kong, en el tercero Suiza, le sigue Taiwán, después Emiratos Árabes Unidos, Dinamarca, Irlanda, Países Bajos, Suecia y Estados Unidos.

El Centro de Competitividad mide cuatro factores: Desempeño económico, Eficiencia gubernamental, Eficiencia de negocios e Infraestructura, los cuales se dividen en cinco subfactores, en los que se evalúan 20 aspectos para sumar 341 criterios.

Las evaluaciones para México dejan al país con la mejor calificación en Desempeño económico, al ubicarlo en el sitio 41, en el 57 en Eficiencia de negocios, mientras que los peores lugares, al colocarse en los últimos 10 sitios, los obtuvo en Infraestructura, lugar 64 y en Eficiencia Gubernamental en el 67.

Si se consideran los subfactores la calificación más baja la obtuvo en legislación para negocios al estar en el sitio 69 de 70; Infraestructura básica en el 66 y Financiamiento Público 65.

También se ubicó en los últimos 10 lugares en los subfactores de: Marco institucional 63 y social 62, Financiamiento 62, Infraestructura tecnológica 63, Salud y Medio Ambiente 61 y Educación 65.

La economía mexicana quedó en mejor lugar que Brasil en el 65 y que Venezuela en el 70, de acuerdo con el el reporte anual del Institute for Management Development (IMD).

Como retos para este 2026, el IMD enlistó que deberá fortalecerse la coordinación entre los gobiernos municipales, estatales y federales en iniciativas estratégicas; reforzar el marco legal y la certeza jurídica en el ambiente de negocios; promover la producción económica a través de la innovación, excelencia operativa, medidas de desempeño y fortalecimiento de los mercados locales.

El IMD añadió que México debe mejorar la alineación del desarrollo del talento con las capacidades técnicas y de gestión que exige la industria. Así como fortalecer las cadenas de valor nacionales y la infraestructura clave en energía, logística y digitalización.

Cabe mencionar que México se situó entre los lugares 55 y 56 del Índice de Competitividad Global en los últimos cuatro años.

Para el director del Centro de Competitividad Mundial del Instituto para el Desarrollo Gerencia, Arturo Bris, “las economías no se vuelven competitivas legislando más. Se vuelven competitivas cuando los actores económicos confían en que los contratos se respetarán, las decisiones públicas serán revisables, la corrupción estará limitada y la discreción administrativa funcionará”.

Añadió que las tensiones geopolíticas suben, la incertidumbre política aumenta, la Inversión Extranjera Directa es débil, la confianza en el gobierno es “flaca” y se observa como la resiliencia, autonomía estratégica e integración selectiva sustituye a la antigua norma de integración abierta.

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