#DESDELAFRONTERA
POR #PEDRONATIVIDAD
Legado político…
Durante décadas la historia se ha repetido como disco rayado en los ayuntamientos de Tamaulipas. Llegaba un alcalde, revisaba las cuentas y lanzaba la misma cantaleta, «me dejaron una deuda enorme, no podré hacer mucho por mi pueblo».
Y entonces venía el segundo acto de la obra.
Con la deuda como pretexto, se contrataban nuevos créditos, se hipotecaba el futuro y se pateaba el problema para la siguiente administración. Así transcurrieron años y años. Alcalde tras alcalde. Partido tras partido. Lo único que crecía era la deuda pública, mientras los ciudadanos seguían pagando la factura.
Parecía una ley no escrita de la política mexicana, quien recibía deuda, heredaba más deuda.
Hasta que en Nuevo Laredo alguien decidió romper esa cadena.
Cuando Carmen Lilia Canturosas llegó a la Presidencia Municipal en 2021 recibió una bomba financiera de más de 580 millones de pesos heredada por gobiernos anteriores. Lo fácil habría sido salir a los medios a lamentarse, culpar al pasado y justificar la falta de resultados.
Pero hizo exactamente lo contrario.
En lugar de pedir más préstamos, comenzó a pagar los que otros dejaron. En lugar de endeudar más a la ciudad, decidió sanear sus finanzas. En lugar de administrar excusas, administró recursos.
Y los números son brutales.
Más de 365 millones de pesos de deuda heredada ya fueron liquidados. Un crédito de BANOBRAS que arrastraba Nuevo Laredo desde el año 2000 fue eliminado. Otro financiamiento contratado en 2008 también fue pagado anticipadamente. Y ahora la alcaldesa anuncia que antes de concluir 2026 la ciudad quedará con deuda pública cero.
Sí, leyó bien.
Cero deuda.
No es un discurso de campaña. No es una promesa. Es una realidad respaldada por cifras, acuerdos de Cabildo y disciplina financiera.
Y aquí vale la pena decir algo que muchos piensan, pero pocos expresan, que las mujeres sí saben administrar mejor el dinero.
Porque mientras algunos gobiernos confundieron la administración pública con una tarjeta de crédito sin límite, Carmen Lilia demostró que se puede pagar lo heredado, invertir en la ciudad y mantener finanzas sanas al mismo tiempo.
Mientras la deuda bajaba, Nuevo Laredo destinó más de 850 millones de pesos a educación, salud, cultura y bienestar social. Es decir, no se sacrificó el desarrollo para pagar la deuda. Se hizo ambas cosas.
Ese es precisamente el tamaño del logro.
Porque cualquiera puede endeudar un municipio. Lo difícil es rescatarlo.
Y si la meta se concreta en los próximos meses, estaremos ante un hecho sin precedentes en la historia reciente de Tamaulipas, un alcalde que recibe una deuda multimillonaria y la liquida completamente dentro de su propio gobierno.
Por eso la noticia trasciende los números.
Lo que está ocurriendo en Nuevo Laredo es la demostración de que la buena administración sí existe, que las finanzas públicas pueden manejarse con responsabilidad y que los ciudadanos no estaban equivocados cuando decidieron colocar a una mujer al frente de su ciudad.
La administración de Carmen Lilia Canturosas está demostrando que cuando existe honestidad en el manejo de los recursos, austeridad en el gasto, transparencia en las decisiones y disciplina financiera, el dinero sí alcanza.
Por eso la liquidación de la deuda municipal no debe verse únicamente como una victoria contable. Es la prueba de que un gobierno puede ser eficiente sin recurrir al endeudamiento permanente.
Aclarando, este modelo coincide con los principios que impulsa la Cuarta Transformación desde la Presidencia de la República con la doctora Claudia Sheinbaum y desde Tamaulipas con el gobernador Américo Villarreal. La premisa es sencilla, combatir los excesos, cerrar las puertas a la corrupción y hacer que cada peso público trabaje para la gente.
Y en Nuevo Laredo esa fórmula está produciendo resultados.
Y cuando termine el 2026, Carmen Lilia Canturosas podrá decir algo que muy pocos alcaldes en la historia reciente de Tamaulipas han podido presumir, recibió una deuda multimillonaria, la pagó, transformó la ciudad y dejó las cuentas en orden.
Eso, más que un logro financiero, es un legado político… ¿Qué, no?, NOS LEEMOS.
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