EN PERSPECTIVA
POR: OMAR ORLANDO GUAJARDO LÓPEZ
El Guasón y los huevazos del nuevo Morena
– Los fundadores ya no controlan el partido que ayudaron a construir.
– Las ausencias también se pagan en política.
– En Reynosa, la disputa por Morena dejó de ser silenciosa.
Los huevazos que recibió Héctor Martín Garza González en el Museo del Ferrocarril de Reynosa son mucho más que una escena incómoda. Son una fotografía del momento político que vive Morena en Tamaulipas y, particularmente, en Reynosa.
Héctor Garza fue increpado por trabajadoras afiliadas al Sindicato Industrial Autónomo de Maquiladoras, encabezado por Alberto Lara Bazaldúa. Lo acusaron de expresiones ofensivas contra trabajadores y de actitudes misóginas. Los reclamos escalaron entre gritos hasta obligarlo a abandonar el evento donde Paco Ignacio Taibo II presentaba su libro.
El hecho tiene una enorme carga simbólica.
Garza fue candidato de Morena al gobierno de Tamaulipas en 2016, cuando el partido apenas comenzaba a abrirse paso en un estado dominado por otras fuerzas políticas. Sin embargo, después de aquella campaña tomó distancia del territorio para asumir responsabilidades dentro del gobierno federal. Mientras tanto, la oposición al cabecismo en Tamaulipas se reconfiguró y los espacios políticos comenzaron a ser ocupados por otros actores.
No se trata de cuestionar su derecho a construir una carrera dentro del servicio público federal. Fue una decisión legítima. Pero en política las ausencias también tienen consecuencias.
Los espacios que se dejan de recorrer terminan siendo ocupados.
Y así ocurrió.
Mientras algunos fundadores permanecían lejos de la operación cotidiana en el estado, Morena empezó a nutrirse de liderazgos provenientes de otras corrientes políticas y sindicales. José Ramón Gómez Leal, con pasado panista y vínculos familiares con el grupo de Francisco García Cabeza de Vaca, terminó convertido en senador del partido. Alberto Lara Bazaldúa, dirigente sindical con una trayectoria propia ajena al obradorismo original, se consolidó como uno de los actores con capacidad de movilización dentro del morenismo fronterizo.
Ese es el Morena que hoy disputa el poder interno.
Por eso el episodio del Museo del Ferrocarril no debe leerse únicamente como un acto de rechazo personal.
Es la manifestación pública de una disputa más profunda.
La de quienes consideran que la legitimidad proviene de haber estado en los orígenes del movimiento y la de quienes sostienen que la autoridad política se gana en el territorio, construyendo estructuras y acumulando fuerza real.
Tampoco conviene simplificar los hechos.
No existen elementos para afirmar que Alberto Lara organizó o instruyó la protesta. Pero tampoco puede ignorarse que las manifestantes se identificaron como integrantes del sindicato que dirige y que ese sindicato representa una estructura con capacidad de convocatoria en Reynosa.
La paradoja es evidente.
Héctor Garza ayudó a construir un partido que terminó siendo administrado por una generación distinta a la de sus fundadores. Pero tampoco puede presentarse como una víctima pasiva de esa transformación. Las decisiones que tomó, las alianzas que respaldó y los espacios que decidió ocupar o abandonar también contribuyeron a moldear el Morena que hoy existe.
En política nadie es solamente utilizado.
Todos utilizan, negocian, acuerdan y apuestan.
La diferencia es que, a veces, el resultado termina siendo muy distinto al que imaginaron.
Lo ocurrido en el Museo del Ferrocarril deja una advertencia para todos los grupos internos del partido.
La verdadera disputa ya comenzó.
No será únicamente por candidaturas o cargos públicos. Será por definir quién tiene derecho a hablar en nombre de Morena en Reynosa y quién posee la legitimidad para representar un movimiento que, conforme se acercó al poder, dejó de pertenecer exclusivamente a quienes lo fundaron.
Los huevazos no definieron ganadores ni vencidos.
Pero sí exhibieron algo que muchos preferían mantener fuera de la vista pública.
En Morena ya no basta con haber llegado primero.
Ahora hay que demostrar que todavía se pertenece al lugar que se ayudó a construir.
Hasta la próxima.