*Sí, en Aldama ayudar a niños y convivir con la gente puede convertirse en motivo suficiente para perder el trabajo. Así de frágil y así de vengativa parece haberse vuelto la administración municipal.
Redacción / www.noticiasdetampico.mx
En Aldama, la llamada Cuarta Transformación comienza a desmoronarse bajo el peso de sus propias contradicciones. Mientras desde el poder se presume un gobierno humanista y cercano al pueblo, en los hechos continúan los despidos injustificados y la persecución política contra quienes no se alinean completamente con los intereses del grupo en el poder, la Presidencia quiere súbditos no trabajadores.
La más reciente muestra de intolerancia raya en lo absurdo: dos personas Juan Escobedo y Alejandro Escobedo fueron despedidos presuntamente por participar en una entrega de juguetes organizada por un grupo ciudadano. Sí, en Aldama ayudar a niños y convivir con la gente puede convertirse en motivo suficiente para perder el trabajo. Así de frágil y así de vengativa parece haberse vuelto la administración municipal.
Lo grave no es solamente el despido. Lo verdaderamente preocupante es el mensaje que manda el gobierno de la alcaldesa: nadie puede hacer trabajo social, apoyar causas o tener cercanía con la ciudadanía si no es bajo la sombra política del Ayuntamiento. Todo lo que no controle el poder incomoda, molesta y termina castigándose.
Esa no es una transformación. Es el reciclaje de las peores prácticas del viejo sistema que tanto criticaron. El mismo autoritarismo, el mismo uso del miedo y la misma obsesión por controlar hasta los actos más simples de la vida pública.
Porque cuando un gobierno se siente amenazado por una entrega de juguetes, queda claro que perdió la confianza de la gente y comenzó a gobernar desde el resentimiento político. Un gobierno fuerte no despide empleados por convivir con ciudadanos; un gobierno débil sí.
Hoy en Aldama muchos trabajadores entienden el mensaje: “o estás totalmente sometido al grupo en el poder, o estás fuera”. Esa lógica no solo destruye la libertad dentro del Ayuntamiento, también termina debilitando la imagen de la propia Cuarta Transformación, que cada vez se aleja más de los ideales que prometió representar.
La ironía es brutal: quienes llegaron prometiendo combatir abusos laborales y persecuciones políticas, hoy son señalados precisamente por repetirlas. Y el mensaje es todavía más brutal aquí solo se permite ayudar si la foto, el aplauso y el beneficio político quedan en manos del Gobierno Municipal.



