APUNTES PARA LA HISTORIA DE TAMPICO SIGLO XIX. / Por Gustavo Compean Vibriesca

APUNTES PARA LA HISTORIA DE TAMPICO SIGLO XIX. / Por Gustavo Compean Vibriesca

Este relato presenta una narrativa psicosocial profundamente nostálgica, impregnada de un estilo poético que evoca la vida en el Tampico de principios del siglo XX.

Su autora: Tampiqueña Doña María Antonia Salazar de Alanis.

El estilo poético se manifiesta en el uso de un lenguaje evocador, metáforas y un ritmo que recrea la atmósfera de la época.

Se observa una idealización de los recuerdos, presentando la calle de la Rivera como un epicentro de vida social, alegría y comunidad.

La descripción detallada de los elementos sensoriales —el bullicio, los olores, las texturas de la ropa— contribuye a la construcción de una imagen vívida y entrañable.

La narrativa, aunque descriptiva, adquiere un tono lírico al ensalzar la sencillez, la picardía y la calidez de sus habitantes, especialmente las mujeres costeñas y la figura del sereno, quienes se convierten en personajes arquetípicos de un pasado idílico.

La estructura, que transita del día a la noche, de la actividad diurna a la calma nocturna, y de la descripción general a anécdotas específicas, refuerza esta evocación poética de un tiempo perdido pero intensamente recordado.

Doña Antonia, nos transporta al Tampico que le dio sentido a la vida de quienes somos aún la generación de mediados del siglo pasado.

La construcción de una identidad colectiva:

La calle de la Rivera no es solo un espacio físico, sino el escenario donde se forja una comunidad con rasgos distintivos: el «rivereño», la «costeña», el «tampiqueño». Se exalta la sencillez, la honradez y la alegría como valores compartidos.

La importancia de las interacciones sociales: La vida cotidiana gira en torno a la calle; las vecindades, el tranvía, las bancas en la banqueta. Las conversaciones, las risas, los chismes y hasta las rivalidades (como el caso de la mujer celosa) son elementos centrales que dan vida a la comunidad.

La idealización del pasado:

La narrativa está teñida de una fuerte nostalgia. El presente (o el momento en que la narradora escribe) se percibe como un contraste con la vitalidad y la pureza del pasado. Los recuerdos son «ingenuos» pero «hondos», sugiriendo que la autenticidad y la conexión humana eran mayores entonces.

La percepción del tiempo y la memoria: El texto subraya cómo estos recuerdos, a pesar del paso de los años («en la vejez»), se sienten «tan vivos», resaltando el poder de la memoria para preservar y revivir experiencias significativas. Se crea una dicotomía entre la vida sencilla y auténtica de antaño y una posible complejidad o alienación de tiempos más recientes.

El rol de los personajes arquetípicos:

El conductor y boletero del tranvía como «Casanova en ruedas», las mujeres «tan limpias» y «perfumadas», los «gendarmes rudos, sencillos, honrados y valientes», el «sereno» abnegado, y las «vecinas conversadoras”; todos ellos contribuyen a pintar un cuadro social con roles y características bien definidas, que pertenecen a una época específica.

El manejo de la tensión y el humor:

El episodio de la mujer celosa introduce un elemento de conflicto cómico, pero resuelto rápidamente por la intervención de doña Cuquita, cuya risa amplifica la ligereza y el espíritu comunitario, reafirmando la idea de que, a pesar de los pequeños dramas, primaba un ambiente de camaradería.

En resumen, la narrativa combina la evocación poética de un lugar y un tiempo con una mirada psicosocial sobre cómo se construía y se vivía la identidad comunitaria en un entorno específico, todo ello filtrado a través del prisma idealizador de la memoria nostálgica.

LA NARRATIVA:

“La calle de la Rivera, cierto que era una calle de las más importantes del Tampico de principios del siglo”. “Todo el día era transitado por los rivereños. Iba paralela a una cuadra del Río Tamesí, puede decirse que seguía su curso, bordeándolo desde el Piojo hasta su encuentro con el Río Pánuco por la Navegadora”.

“Por esta calle, siempre bulliciosa y alegre, corría el tranvía de mulitas que iba del mercado al Cascajal”. “Tenía su terminal este tranvía en el Portal de los Etienne, pues no llegaba hasta los llanos del mero mero mero Cascajal”. “Iba y venía desde las madrugada llevando y trayendo pasajeros y pasaba por la falda del Barranco de los Alemanes y por los 10 cuartos vecindad de Don Victoriano Barrios”. “Por las vecindades de Doña Mariquita y por la de Don Valentín, todo ellos renteros muy conocidos y riquitos y en aquella época muy mentados”.

“También pasaba el tranvía por la Cuartería y por los puentes de las calles Ladrillera, Amargura y el águila”. “Claro que se paraba donde le hacían la seña, las mulas siempre obedecían la férrea mano de su conductor”.

“En este tranvía de pueblo el conductor y el boletero eran los Casanova en ruedas”.

“¡Había tantas muchachas en esas vecindades y había que verlas cuando subían al tranvía con aquellas enaguas blancas crujientes de almidón que hacía más lucidoras sus faldas largas, barriendo el suelo y aquellas blusas tan blancas, tan llenas de encajes!”  “Y luego iban esas mujeres tan limpias con los cabellos sueltos y todas ese eso sí perfumadas con la famosa agua florida, mujeres risueñas, alegres, ¡al fin costeñas!”

“Y había que ver esa calle de la Ribera por la noche”

“¿Qué espectáculo?”

“El alumbrado de luz incandescente como se le llamaba al foquillo pitañoso que en cada esquina algo alumbraba”.  “En el cruce de cada bocacalle la linterna del sereno”. “Aquellos gendarmes de entonces, hombres rudos, sencillos, honrados y valientes”.

“¡Cuánto se confiaban los tampiqueños en sus serenos!”

“Velaban en verdad toda la noche cubiertos con aquellos capotes azules que el sereno del verano y del invierno empapaba”. “La gendarmería en aquel entonces, era de pie y de a caballo”. “Eran: la montada. Lucían con garbo su uniforme y su caballo”.

“En la calle de la Rivera, cuando llegaba el calor una vez pasada la temporada de nortes, toda la gente sacaba sus sillones a la banqueta, para gustar la perfumada brisa que traía ráfagas del huele de noche, de los jazmineros y del reseda. Junto con las sillas sacaban sus grandes abanicos de palma para espantarse los moscos y las vecinas conversaban muchas veces hasta de banqueta a banqueta. Mientras la chiquillada jugaba a media calle cantando, corriendo, peleando o muchas veces oyendo cuentos que algunas abuelas les contaban”.

“Las personas mayores por lo general mujeres no cesaban en tus conversaciones, las bromas soltaban las carcajadas, y esas risas eran una chispa que se extendía a todos los grupos”.

“Entre aquellas gentes sencillas, nunca faltaban temas de conversación las compras los barcos que llegaban del extranjero la comadre que se casa y esas pasiones que ni envejecen ni se modernizan el amor y los celos y se dio el maljado caso que entre las personas que gustaban de tomar el fresco en la banqueta había una recién casada celosa hasta el ridículo casada con un cascalajeño, guapo, amable, caballeroso y rico”.

“Como nunca falta un pelo en la sopa, para su mala suerte en contra esquina de la celosa, fuera a vivir una familia muy honorable, muy cristiana, más  una cantidad loca de parientes que con frecuencia los visitaban. Y entre estos tantos parientes llegaban de visita, más sobrinas guapísimas, muy garbosas encantadoras y desde luego ellas también sacaban sus sillones para tomar el fresco en la banqueta. Todo era verlas la celosa y se paraba de inmediato y metía sus sillones y a su marido y cerraba puerta y ventanas remachándolas a piedra y lodo”.

“Al ver esto, la señora tía de las sobrinas le decía a su vecina y amiga de enfrente ¡Doña cuquita!, ¡Doña cuquita!, ¿ya nos cayó luto? Su voz era amplísima de contralto. Dios así se le había dado y se oía no digo más de una cuadra. La risa de hacia general”.

“¡Qué recuerdos tan ingenuos! Pero qué hondos se aferran al corazón y ya en la vejez, se sienten tan vivos como en aquellos años, cuando la calle de la Ribera era una calle de las famosas de Tampico”.

Tomado del Archivo Histórico de Tampico; del que los Tampiqueños rogamos porque si bien hay que cambiarlo de lugar, que sea en un local céntrico en terreno alto, digno de la imagen cultural que ya merece la ciudad.

Archivo que exige la digitalización de su acervo histórico, y la decisión empática con las fuerzas sociales culturales de la ciudad.

Gcv 25-Sep.-2025 Wasap 833 234 11

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