Hace mucho que no aparecía un dios

Rutinas y quimeras

Clara García Sáenz

Hace mucho que no aparecía un dios

El ejido Celaya se ha vuelto un referente en la geografía tamaulipeca por contar con un museo arqueológico comunitario, que es un modelo a seguir en la experiencia museística del estado y además es manejado por un patronato en el que las mujeres son pieza clave en la administración y gestión.

El Señor del Inframundo o de la muerte, también conocido como Ajhactictamzemlab y quien dio origen a dicho museo, es su pieza insigne, de la cual los pobladores del lugar se sienten muy orgullosos.

A 20 años de su hallazgo, realizado por un agricultor que se encontraba barbechando su parcela, la comunidad se ha reunido para celebrar su presencia. Con un lleno total, en el salón de las asamblea ejidal contiguo al museo, jóvenes y viejos, escucharon al maestro Carlos Vanueth Pérez Silva arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) quien de forma amena explicó el significado del nombre de la pieza, “infierno: tam tzelab”, “muerte: tzemlab”, “señor: ahjatic”; su similitud con otros monolitos encontrados en México, la explicación de cada uno de sus rasgos como el de su cara que en realidad es una máscara de la muerte que porta un cuerpo vivo, la zona de localización y la compleja región cultural a la que pertenece el sitio.

El maestro contó que el INAH se enteró por el periódico de la noticia del hallazgo del monolito, por lo que varios arqueólogos visitaron la comunidad para conocerlo “cuando llegamos, cuatro días después, estaba en el salón ejidal, rodeado por personas que lo veían con admiración, algunos le rezaban y otros se persignaban, éramos dos arqueólogos a los que nos tocó hacer el registro de la pieza; fue muy emotivo ver a tanta gente que venía de la región a conocerlo, incluso alguien comentó: hace mucho que no aparecía un dios por aquí.”

Y es que resulta verdaderamente admirable el respeto que la comunidad siente por Ajhactictamzemlab, quien vino a cambiar la historia y el destino del ejido Celaya, porque, tal parece, desde aquel momento sus habitantes tomaron conciencia de su pasado, sintieron gran respeto por sus ancestros y por la riqueza arqueológica que guarda ese lugar.

Eunice, la presidenta del patronato del museo, cuenta que la defensa de la comunidad por las piezas arqueológicas encontradas en la zona ha sido una tarea verdaderamente titánica que ha dado como resultado el respeto de las instituciones municipales, estatales y federales hacia ellos por la custodia de su patrimonio arqueológico. Actualmente, el museo exhibe diversas piezas del sitio arqueológico aún sin explorar y sobrevive a los vaivenes de la política local y estatal, así como al desinterés de las instancias encargadas de apoyar estos espacios.

Con aguas frescas de plátano, piña, sandía y mango, un suculento mole de puerco con arroz y un pastel con la alegoría del Señor de la Muerte, se festejó su hallazgo, que representa 20 años de una comunidad que ha sabido defender su patrimonio arqueológico, honrando su pasado y trabajando permanentemente para preservar la riqueza cultural.

E-mail: garciasaenz70@gmail.com

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