APROBACIÓN Y PESIMISMO

Gran Tampico

APROBACIÓN Y PESIMISMO

Por Julián Javier Hernández

Es interés de los partidos resaltar los resultados de sus gobiernos para mantener o acrecentar el apoyo ciudadano. La lucha política, aún después de las votaciones, nunca termina, y no debe regalarse ni un palmo de terreno al adversario. Por eso los gobernantes abusan de la publicidad y montan toda clase de “mañaneras” y fiestas cívicas para promoverse, a veces fastuosamente, como los 100 días de la Presidenta Claudia Sheinbaum.

A pesar de eso, hay un aspecto positivo en esa publicidad anticipada, y consiste en pulsar el grado de simpatía entre el mandatario y la gente. Por increíble que parezca, la caída de algunos poderosos se debe más al desafecto con los gobernados que a sus propios errores, y la estabilidad de muchas naciones, a menudo, es el reflejo de la relación amistosa con el pueblo.

Un buen ejemplo de esta relación es la doctora Claudia Sheinbaum. Con solo cinco meses, la primera presidenta mexicana obtuvo hasta 80 por ciento de aprobación y ha superado al carismático López Obrador, lo que es bastante decir.

Los mexicanos confían en la Presidenta, y las encuestas lo respaldan.

Cualquier otro significado a esta aprobación, por ejemplo, que califique favorablemente al gobierno o que el país haya subido uno o dos peldaños en la escala de la prosperidad, son exageraciones, cuando no, mentiras.

Trágicamente, los ideólogos usan a conveniencia este resultado para declarar que el pueblo está con Morena y con sus luchas, incluso con las más cuestionables, como la elección de jueces mediante voto popular o que el gobierno posea empresas aeronáuticas.

Para los ideólogos oficialistas, el objetivo de la política, al parecer, no son las personas y sus necesidades, sino la imagen del partido. Los cien días no interrogan si la gente vive mejor, sino cuál es la popularidad de la mandataria o si tiene cualidades para el cargo.

Al margen de esta propaganda, saber si el dirigente cuenta con respaldo es fundamental para alcanzar las metas ansiadas, y la doctora Sheinbaum lo tiene.

Ahora bien, en este comienzo han ocurrido crisis sumamente graves que comienzan con causar desaliento y, en algunos casos, protestas. No hay contradicción alguna en hablar de aprobación y pesimismo al mismo tiempo, a propósito de la Presidenta y los ciudadanos, porque estamos en dos situaciones distintas. La paz social está claramente descosida.

Para una mayoría, los primeros cien días después del cambio de gobierno han sido sangrientos. De hecho, entre ella y López Obrador superaron la cifra de homicidios dolosos; en 2023 fue de 29 mil 675, y en 2024, de 30 mil 35, según cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Los voceros han culpado de esta violencia al secuestro del líder criminal Ismael Zambada, quien fue entregado con engaños a la justicia de Estados Unidos; ciertamente, esto impulsó una lucha a muerte entre bandas rivales, pero la inseguridad se ha extendido más allá de Sinaloa, donde ha ocurrido este choque, hasta plantarse en lugares como Tabasco, tierra natal de López Obrador.

¿Cuál ha sido la reacción de los voceros y comunicadores oficiosos a esta inseguridad? Hablar de las toxicomanías de Estados Unidos y de Donald Trump; “Están en decadencia”, sostienen los morenistas. Pero, ¿no es también un signo de decadencia, incluso de barbarie, la decapitación del alcalde de Chilpancingo seis días después de tomar el cargo, ante la pasividad de las autoridades? ¿No es decadente y amoral un país donde ejecutan a dos hermanitos y a su papá por circular de noche? ¿No es un calco de la decadencia romana gratificar con altos puestos a los peores hombres, como Rutilio Escandón, el exgobernador que permitió el aumento de delitos graves en Chiapas, como la desaparición, y que hoy despacha en el consulado de Florida?

El gobierno mexicano quiere mostrar al mundo un rostro humanista, pero el asesinato de dos niños, muy queridos en su comunidad, dice lo contrario; dice incluso que la delincuencia organizada controla la ciudad de Culiacán. Al menos, la doctora Sheinbaum se solidarizó con la familia de los pequeños, pero otros líderes de su partido se hicieron los caraduras, como Ricardo Monreal, quien prefirió respaldar al gobernador Rubén Rocha, de Sinaloa, que a las víctimas.

Si la voz del pueblo es la voz de Dios, entonces el descontento social ha llegado al colmo en tierras sinaloenses, por más que el régimen quiera ocultarlo. Con lágrimas en los ojos, la gente salió a las calles a exigir el fin de la violencia, algo que Rubén Rocha es incapaz de ofrecer.

Y, en otros temas, ¿funciona el abasto de medicinas, la operación del IMSS-Bienestar, la creación de empleos? No, no y no, aunque todavía son manejables.

Quizás los adultos mayores sean los más satisfechos con los gobiernos morenistas por el pago de la pensión universal, que aumenta a 6,200 pesos bimestrales este año; parece mucho, pero son apenas 3,100 pesos al mes (para ponerlo en contexto: un trabajador gasta en promedio 1800 pesos mensuales en transporte público -Índice de Movilidad Urbana-). No importa, su lealtad es firme como roca, aunque se trate del grupo de población más bajo (14 millones de personas).

La población económicamente activa, o 61.6 millones de habitantes, es la que arriesga su seguridad física y laboral en este ambiente frágil.

Claudia Sheinbaum es una mujer honesta y confiable, afirman las encuestas. Pero esta verdad no es una aprobación a la estrategia de seguridad o de desarrollo económico, que tienen que mejorar en 2025.

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