ESCENARIO 2028: LOS NUEVOS ACTORES DE 2027

ESCENARIO 2028: LOS NUEVOS ACTORES DE 2027

La elección que redefinirá el sistema político mexicano.

Por: Luis Enrique Arreola Vidal.

La política mexicana está entrando en una nueva etapa.

Durante décadas la pregunta fue una sola: ¿Quién gobernará México?

Hoy la pregunta cambió:

¿Quién llegará con vida política al 2028 para comenzar la verdadera carrera presidencial rumbo a 2030?

Porque la elección de 2027 no será una elección intermedia.

Será la elección que redefina el sistema de partidos mexicano y, probablemente, la más importante desde 2018.

Muchos siguen observando únicamente los cargos que estarán en juego: diputados federales, gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos.

Pero el verdadero proceso ocurre debajo de la superficie.

Lo que realmente estará en disputa es el nuevo equilibrio del poder político nacional: la composición del siguiente Congreso, la fortaleza territorial de cada partido, la capacidad de movilización de sus estructuras y, sobre todo, quién tendrá la fuerza política para levantar la mano rumbo a la sucesión presidencial.

Los presidentes no se construyen durante las campañas presidenciales.

Empiezan a construirse en las elecciones intermedias.

Y esa historia comienza en 2027.

El fin de una etapa

Durante casi un siglo, México transitó por tres grandes modelos políticos.

Primero, un partido prácticamente hegemónico.

Después, un sistema tripartidista dominado por PRI, PAN y PRD.

Más tarde apareció Morena para construir una nueva hegemonía alrededor de la Cuarta Transformación.

Hoy ese modelo comienza a transformarse nuevamente.

Morena sigue siendo la principal fuerza política del país: gobierna la Presidencia de la República, controla la mayoría de las gubernaturas, posee la estructura territorial más extensa y administra la mayor red de programas sociales de la historia reciente.

Pero incluso los partidos más fuertes llegan inevitablemente al momento en que dejan de crecer y comienzan a administrar el desgaste natural del ejercicio del poder.

Ese momento parece haber llegado.

La boleta cambió

La verdadera noticia de 2027 no es únicamente que habrá ocho partidos políticos nacionales.

La verdadera noticia es que existirán ocho estrategias distintas para conquistar segmentos específicos del electorado.

Eso modifica completamente la lógica de la competencia.

Ya no se trata solamente de sumar votos.

Ahora también se trata de impedir que el adversario los concentre.

Además, los partidos de nuevo registro enfrentarán una limitación estratégica: en su primera elección federal no podrán participar en coaliciones. Eso los obligará a competir con sus propias estructuras, asumir en solitario el costo electoral de su debut y demostrar que pueden construir una base ciudadana suficiente para mantenerse con vida política.

La política mexicana dejó de ser una competencia por mayorías absolutas.

Comienza a convertirse en una competencia por administrar minorías estratégicas.

Morena seguirá siendo el eje

Nadie puede analizar la elección sin partir de un hecho objetivo: Morena continúa siendo el centro del sistema político mexicano.

Todos competirán contra Morena.

Pero Morena ya no compite por conquistar el poder.

Compite por conservarlo.

Y esa, históricamente, siempre ha sido la elección más difícil para cualquier partido gobernante.

Su verdadero adversario no será la oposición ni los nuevos partidos.

Será el desgaste inevitable que produce el ejercicio del poder.

La fatiga del gobierno ha terminado alcanzando, tarde o temprano, a todos los partidos que alguna vez parecieron invencibles.

El oficialismo jugará con tres piezas

El Partido Verde y el Partido del Trabajo seguirán desempeñando el papel que mejor conocen: ser partidos indispensables.

El Verde continuará siendo el partido más pragmático del sistema político mexicano.

Más que una fuerza ideológica, se ha consolidado como una fuerza de negociación.

El PT, por su parte, conserva una estructura territorial sólida y una influencia superior a su peso electoral.

Juntos forman un bloque cuya principal fortaleza radica en la coordinación política.

PAZ: el regreso de un viejo conocido

PAZ —Construyendo Sociedades de Paz, heredero político del extinto PES— no es realmente un partido nuevo.

Representa el regreso de un proyecto que conoce perfectamente su mercado electoral: el electorado conservador, las comunidades religiosas, las iglesias evangélicas, las familias tradicionalistas y los sectores populares identificados con una agenda provida y de valores familiares.

Su objetivo estratégico no necesariamente consiste en ganar elecciones por sí solo.

Consiste en convertirse en un actor cuya presencia resulte necesaria para construir mayorías.

Y en política, muchas veces la influencia vale más que el tamaño.

Somos México: institucionalizar la inconformidad

Aquí aparece quizá el experimento político más interesante del nuevo escenario.

Somos México, surgido de la Marea Rosa, busca transformar una movilización ciudadana en una organización política permanente.

Su narrativa gira alrededor de la defensa de las instituciones, el Estado de derecho, la democracia constitucional y los contrapesos.

Su desafío será enorme.

Movilizar ciudadanos en las calles es una cosa.

Construir una estructura electoral nacional es otra completamente distinta.

La historia demuestra que muchos movimientos sociales fracasan cuando intentan convertirse en partidos.

La calle y las urnas no siempre hablan el mismo idioma.

Movimiento Ciudadano y la oposición tradicional

Mientras PRI y PAN continúan resolviendo sus conflictos internos, Movimiento Ciudadano sigue consolidando gobiernos locales competitivos.

No necesita convertirse en mayoría nacional.

Le basta consolidarse como la principal alternativa para sectores urbanos, jóvenes y de clase media.

La gran incógnita será si Movimiento Ciudadano decide competir para administrar su crecimiento o si finalmente asume el riesgo de disputar el poder nacional.

Esa decisión puede modificar el equilibrio político de la próxima década.

El PAN enfrenta una competencia inédita.

Durante décadas concentró prácticamente todo el voto conservador.

Hoy ese electorado comienza a fragmentarse.

PAZ disputará el conservadurismo social.

Movimiento Ciudadano buscará al votante urbano.

Somos México intentará captar al ciudadano apartidista.

Por primera vez en muchos años, el PAN tendrá que defender varios frentes al mismo tiempo.

El PRI pelea por algo distinto

El PRI ya no compite principalmente por gobernar.

Compite por conservar relevancia.

Mantener estructura.

Preservar cuadros.

Retener presencia territorial.

Paradójicamente, un PRI más pequeño podría convertirse en un PRI más valioso si sus votos terminan siendo indispensables para construir mayorías legislativas o futuras coaliciones.

En política, el tamaño no siempre determina la influencia.

Con frecuencia, la influencia la tiene quien posee los votos que hacen falta para inclinar la balanza.

La verdadera batalla: la fragmentación.

Aquí aparece la gran paradoja de la elección.

Morena necesita conservar votos.

La oposición necesita concentrarlos.

Los nuevos partidos necesitan exactamente lo contrario: demostrar que pueden quitárselos a alguien.

En una elección polarizada, el pastel rara vez se reparte entre ocho.

Normalmente termina dividiéndose entre dos grandes bloques.

Esa concentración del voto será el verdadero desafío para los partidos de nueva creación, que además enfrentarán la presión de alcanzar el umbral legal para conservar su registro y mantener el acceso al financiamiento público.

Los nuevos partidos no nacen para ganar la Presidencia de la República.

Nacen para influir en quién puede perderla.

Y esa diferencia puede terminar definiendo toda la elección.

Mi lectura política

Muchos analistas observan la elección de 2027 como si fueran ocho partidos compitiendo en igualdad de circunstancias.

Yo no.

En mi opinión, la elección terminará reduciéndose a una sola pregunta:

¿Morena conservará su hegemonía o surgirá una fuerza política capaz de derrotarlo?

Veo una elección profundamente polarizada.

De un lado estará Morena y el bloque oficialista.

Del otro, el partido, la coalición o el movimiento que logre convencer al electorado de que realmente puede ganar.

Porque el ciudadano suele concentrar su voto en quien percibe con posibilidades reales de triunfo.

Eso ya ocurrió en procesos electorales anteriores y podría repetirse.

Mientras unos competirán por gobernar México, otros pelearán simplemente por sobrevivir.

Y cuando el voto se concentre entre dos grandes opciones, varios de los nuevos partidos podrían descubrir que su peor adversario no fue Morena.

Fue la propia polarización.

Habrá más partidos que nunca.

Pero quizá menos partidos con posibilidades reales de sobrevivir.

La elección que abrirá la sucesión

Cada diputación federal.

Cada gubernatura.

Cada congreso local.

Cada punto porcentual obtenido.

Será interpretado como un referéndum sobre el futuro político de quienes aspiren a suceder a la presidenta Claudia Sheinbaum.

La sucesión presidencial no comenzará en 2029.

Comenzará la misma noche de la elección de 2027.

Ese día empezarán las alianzas.

Las rupturas.

Las negociaciones.

Las nuevas lealtades.

Y los primeros descartados.

La conclusión

La política mexicana entró definitivamente en una etapa de competencia multipartidista.

Morena intentará conservar la hegemonía.

El PAN defenderá su espacio histórico.

Movimiento Ciudadano buscará consolidarse como alternativa.

El PRI peleará por mantener vigencia.

PAZ apostará por el conservadurismo social.

Somos México intentará convertir el descontento ciudadano en estructura política.

Todos aparecerán en la misma boleta.

Pero ninguno competirá exactamente por el mismo electorado.

Ésa es, probablemente, la transformación más profunda del sistema político mexicano desde la transición democrática.

Porque la gran batalla de 2027 no será únicamente por el Congreso.

Será por el derecho de sentarse en la mesa donde comenzará a definirse la sucesión presidencial.

Muchos creen que el calendario dice que primero viene 2027 y después 2028.

En política ocurre exactamente al revés.

Porque la noche en que se cuenten los votos de 2027 no terminará una elección.

Comenzará la siguiente.

Ese día nacerán nuevos liderazgos.

Otros desaparecerán.

Se reconfigurarán las alianzas.

Y empezará la verdadera carrera por la Presidencia de la República.

La historia registrará aquella jornada como una elección intermedia.

La política la recordará como el punto de partida de la sucesión presidencial de 2030.

Y esa nueva historia llevará por nombre: 2028.

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