Potencial de cadenas de valor en Tamaulipas y papel UAT.”

Columna Rosa, sólo para Mujeres.

“Potencial de cadenas de valor en Tamaulipas y papel UAT.”

Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.

Tamaulipas posee una diversidad productiva ligada a su tierra y costa, ejemplos como el carbón y la sal de la franja costera, cítricos en llanuras fértiles, mieles florales —incluida la miel de azahar en expansión—, agaves para mezcal y tequila en zonas específicas, sorgo en la agricultura de grano y una riqueza de productos forestales no maderables, basta para darnos una idea.

Estas actividades primarias sostienen economías locales, desafortunadamente enfrentan brechas generacionales y de género, limitada protección de origen y fragmentación en la comercialización.

Frente a la globalización y la competencia, emergen oportunidades para revalorizar materias primas mediante indicaciones geográficas, cooperativismo y modelos de economía social.

Las cadenas de valor regionales conectan producción, transformación y mercado; en Tamaulipas, optimizarlas implica agregar valor localmente y proteger identidades productivas.

La indicación geográfica de la “Cuera Tamaulipeca” —bordado o producto textil tradicional asociado a identidad regional— y la próxima indicación para la miel de azahar ofrecen instrumentos jurídicos y comerciales que distinguen calidad, origen y saberes locales.

Estas herramientas, al certificar autenticidad, generan premium de precio, incentivan prácticas sostenibles y preservan patrimonio cultural; además facilitan acceso a mercados nicho nacionales e internacionales.

El fortalecimiento productivo también exige cerrar brechas generacionales: jóvenes rurales requieren incentivos (formación técnica, financiamiento accesible, innovación en empaque y comercialización) para permanecer y modernizar procesos; de lo contrario, la ruralidad envejece y el conocimiento corre el riesgo de perderse.

En paralelo, la inclusión de las mujeres es crucial, su participación en apicultura, procesamiento de cítricos o gestión de cooperativas multiplica ingresos familiares y democratiza la toma de decisiones. Reconocer y remunerar el trabajo femenino, facilitar acceso a microcréditos y el liderazgo formativo, transforman dinámicas sociales y económicas.

El cooperativismo y la economía social son estrategias probadas para encadenar actores.

Cooperativas de productores facilitan compras colectivas, acceso a maquinaria, certificaciones orgánicas y sinergias de marca, reduciendo costos y riesgo individual.

Cuando la comunidad administra centros de acopio y plantas de transformación —por ejemplo, miel purificada, cítricos envasados, elaboración local de mezcal—, el valor que antes se perdía en intermediarios se queda en la región, generando empleo y capacidades.

Modelos de gobernanza participativa aseguran equidad interna y sostenibilidad.

El verdadero potencial de las cadenas de valor en Tamaulipas reside en articular protección de origen, inclusión social y organización colectiva.

Indicaciones geográficas como la Cuera Tamaulipeca y la miel de azahar son palancas para revalorizar identidades; la incorporación de jóvenes y mujeres asegura renovación y justicia social; y el cooperativismo transforma producción dispersa en competitividad regional.

Al poner a las comunidades en el centro, la región no solo gana economía, sino dignidad: conservar saberes, generar oportunidades y diseñar un desarrollo que permanezca en manos de quienes trabajan la tierra y la cultura.

Un elemento adicional clave es la contribución de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) al estudio y fortalecimiento de estas cadenas productivas. A través de proyectos de investigación aplicada, vinculación con productores y diagnósticos territoriales, la UAT ha generado evidencia sobre oportunidades de valor agregado, trazabilidad y mercados potenciales.

Asimismo, impulsa la formación de capital humano con enfoque en desarrollo regional, innovación agroindustrial y economía social.

Sus programas de extensión y asesoría técnica favorecen la profesionalización de cooperativas y emprendedoras rurales, especialmente mujeres, promoviendo modelos sostenibles que articulan conocimiento académico con saberes locales y necesidades productivas reales.

Muchas gracias al Lic. Ernesto Guevara Garza, Director de Economía del Bienestar en Tamaulipas por sus aportaciones e ideas en esta columna.

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