LA FLORES» / Por Gustavo Compean Vibriesca
En la calle «Flores», hoy conocida como Gral. San Martin…
-«¡Ese afán de borrar la memoria histórica de las calles!».
¡Oye!, suena romántico, poetico y colorido «¡Las Flores!»
No hay mejor «avenida» que la «Flores». ruta del «Tranvía» en Tampico.
-El «imaginario» nos transporta a la residencia de «nobles damas» de esa «avenida de las Flores».
-Temprano; regando y cuidando sus «Gardenias», «Rosas», «Bugambilias», «Hortensias», «Claveles», sin faltar la «Noche Buenas, en temporada navideña». –
¡Admiración y placer de los “madrugadores” empleados petroleros al paso por el “Jardín” doméstico!
Atentos a las «atareadas damas» en sus camisones de fino lienzo, «platicando» con sus plantas.
La «Avenida o calle de «Las Flores,» en Tampico, «lo es todo».
Ni siquiera la calle «Altamira», que atraviesa la ciudad desde el hoy conocido parque de «las Artesanías», hasta la «Isleta», puede competir con ella.
El romanticismo «inunda» los corazones y deja «volar la imaginación desde que subes al «viejo» Tranvía», en el centro o en cualquier «parada» de su recorrido hasta «Miramar».
¡Hay, el tranvía!…
¡Cuántos y cuántas, han dejado sus «señales» en él, dibujando en su «mente las iniciales del amado», o colgando el pañuelo y hasta la media en el cordón de la campanilla!
¡¿Cuántos viajes los empleados y trabajadores hacen en un solo día?! ¿que fugaces sueños o recuerdos experimentan en cada viaje!
Transporte «democrático», -digo yo-, suben a «él»: ricos, pobres, de clase alta, media y baja. En la «mañana» a la hora de entrada al trabajo. A las «doce y media», hora de la «comida»; A las «dos de la tarde» horas de vuelta al trabajo y Alas «seis», hora de salida.
Rutina diaria, que da identidad de convivencia al Tampiqueño y lo hermana con un ¡Que tal!, ¡Quiubo! ¡Buen día!, o una simple sonrisa, con movimiento afirmativo de cabeza.
Mujeres hermosas y otras encantadoras; el «profesionista», el «obrero», el «artista» y el «neófito». Toda gama humana en un transporte de nivel universal.
Tal parece que todos se conocen. ¡Y como no! Todos los días los mismos rostros que viajan diario unos al Trabajo, otros a la oficina, al taller, al colegio, la escuela, al comercio o al mandado.
¡El petróleo genera gran cantidad de empleos en oficinas distribuidas en grandes edificios del centro como el “¡Águila”, hay, tantos o más que en la Administración Pública! -Y la mayoría viaja en «Tranvía».
¿Hay acaso algo más gozoso, romántico, nostálgico y barato, que viajar en el tranvia, de día y de noche?
¡Ser acariciado con la suave y amorosa brisa porteña que juguetona se cuela por las ventanas del tranvía alborotando el pelo!
Al viajar no hay quien, no se conmueva o sorprenda al ver el caserío de madera montado, en troncos entre fango, agua y manglares al paso de la colonia «Mainero», aunque algunas casas resaltan estilo americano, con sus corredores al frente del paso del Tranvía
Y, por supuesto; «aspire» el «aroma húmedo del rancio lodo debajo de los palafitos revuelto con los olores que despide la refinería».
Paisaje pantanoso, exótico tropical, antigua extensión de la laguna del carpintero adornado con los sonidos del «croar» de las ranas, y el zumbido de los mosquitos, -pequeños «murciélagos» «chupa sangre».
Nido de víboras y cangrejos, zapos, moscos y algunos que otros semejantes pantanosos.
Cada casa tiene su «pabellón» cubriendo la cama; de «moscos, cucarachas, alacranes, polilla y otros bichos, abanico de mesa ronroneando al girar medio refrescando la habitación.
¡Imposible dormir con prenda alguna en tiempos de canícula, puro traje confortable y refrescante de Adán y Eva!
Pues… -esta «avenida de las flores» es el centro de comunicación de todo Tampico-Madero, atraviesa las dos ciudades desde el río Pánuco hasta la playa de «Miramar».
No hay visitante que, al viajar en el tranvía, no se sorprenda al ver pasar el «canal de agua» que sale de la «Antigua Planta de Luz de Andonegui», con su enorme chimineas» y a los pescadores «Atarallando», en su arrollo.
Sacando «frescos pescados», incluso «gordas jaibas» del flujo de esa agua que viene del río Pánuco, oxigenando la laguna al entrar en ella.
Razón que se dijera: «En Tampico, nadie se muere de hambre» por la abundante riqueza acuatica, Jaibas, pescados, ostiones, catan, tortugas y diversa variedad de peces.
La ruta del tranvía; -pasa por el «Castillo», construido en lo más alto del cerro de Andonegui» convertido en «Centro de rehabilitación»
La parada al pie del «cerro» bajo toldo de madera, al lado un puesto de comida, al pie de las escaleras que conducen al Penal.
El Tranvía sigue la «ruta», atravezando el terreno «accidentado» de «Árbol Grande», sede de la «Universidad Regional Miguel Hidalgo», fundada por el «Padre Rosiles»; párroco de la iglesia de «San Juan Bosco», valiosa por sus retablos tallados en fina madera y laminados en oro.
Y uno de los «Poblados», que integran la Ciudad de Tampico, junto con «Villa Cecilia» [Hoy Cd. Madero], entre otros.
Ya para llegar al centro de Cd. Madero, el tranvía, atraviesas por los terrenos «llanos, de la primera refinería instalada en el país a finales del 1800, la «Pierce Oil. Company» a la altura del hoy «Panteón de Árbol Grande».
Imposible olvidar, al pasar por el lugar evocando las «luchas» desiguales por apoderarse de las tierras petroleras en Ebano, Cerro Azul, Potrero del Llano, y gran parte de las huastecas.
Historia negra empañada con sangre de nativos originario que los «Guardias Blancas», cómplices de Doheny «el Cruel» derramaron sangre en su avaricia de riqueza que termino beneficiando a muchos países, dejando pobreza y miseria en el campo.
El tranvía continúa por el que fue el principal recinto del «Gremio Chiquito». -«Salon de Actos» del «Gremio Unido de Alijadores.
-Lugar donde fue privado de la vida por el «anarquista» Esteban Hernández, el martir del Cooperativismo Nacional «Isauro Alfaro Otero». Pilar del Cooperativismo Nacional y defensor en la lucha por la creación del Sindicato Petrolero.
Enseguida la parada del tranvía, frente al «Palacio Municipal» -Bueno lo de ¡Palacio!, es un decir.
Y a esa altura de la avenida que ya no es «Las Flores», al entrar a «Villa Cecilia», hoy Cd. Madero, el nombre es «Fco. I. Madero».
-El turista se preguntará:
¿Y cómo es que, este «pequeño edificio» que aloja a la Presidencia Municipal frente a la estatua de «Madero» es el referente de la autoridad política de la ciudad?
En tanto que en la cuadra de enfrente se levanta la Iglesia del «Sagrado Corazón de Jesús»; símbolo del poder religioso
Y enfrente de ella, como indicio de «fuerza o debilidad» se levante la construcción que abarca de calle a calle el «Sindicato Petrolero de la Sec. Uno.
Despabilado de esos temerarios pensamientos políticos.
La parada del Tranvía en el cruce de la calle 1o., de Mayo pleno centro de la ciudad alberga «La Terraza Madero», que en temporada carnavalezca celebran bailes populares al igual que en el edificio de la Sección Uno.
Antes de llegar al mercado y la rotonda de la «Cruz Rojas», se aprecia el «Cine Támesi».
Y así, sigue el tranvía por el paso de la vía del Ferrocarril Tampico-Monterrey; para entrar a los dominios de la Colonia Vicente Guerrero, un «Cantinflas», en el segundo piso de una vivienda da la bienvenida a los pasajeros del Tranvía.
Por las noches más adelante se alcanza a ver el brillo de las «luces» de la llamada: «Loma», con sus centros nocturnos pecaminosos.
Llegamos a los terrenos de la Refinería «El Aguila», a partir del siete y medio; lugar de actividades deportivas para trabajadores de la Refinería.
Poblado de petroleros, sin faltar La escuela de madera «Artículo 123». -el «Casino» y «Colonia Refinería», con su campo de Golf.
-Adornan por las mañanas el tranvía, las «graciosas» «colegialas» que vuelven su «cabecita» hacia el paisaje, al paso del Tranvía ¿Que pensaran? ¿Que sueños tendrán?
Del otro lado la refinería brillando con la luz de día y de noche sus «mecheros».
El ruido del agua de las enfriadoras con sus olores azufrosos a petróleo.
La parada del tranvía descargando a los petroleros vestidos con su grueso uniforme de kaki, al punto donde está el reloj checador de entrada.
Y luego las «dunas», ya para llegar a la parada Miramar a la altura de la sede de la «Secretaria de Marina», en una loma con un par de cañones con vista más allá de la playa.
La parada «Miramar», antigua estación del ferrocarril que recorría por la ribera del Río Pánuco, hasta la Barra, y de ahí, de reversa llegaba a la estación de la playa, atrás de los balnearios.
Los mejores balnearios, y hasta un mirador de madera que se internaba a parte de la playa, si no es que también un casino.
Recién sembraron pinos a lo largo de la playa, para amortiguar los vientos, los vimos pequeños brotando alrededor de una antigua casona de dos pisos de madera, propiedad parece ser de una familia Di Constanzo, precisamente en la entrada sin pavimentar para vehículos.
Viajar a «Miramar», desde el centro de Tampico, es «viajar» en el «espacio tiempo» de años de riqueza, aventuras y descubrimientos del oro negro.
Gozar de la playa, su brisa, arena y sol, para propios y extraños era un tanto así como estar en las playas de «Mónaco», con todo su glamour de sueño realizado.
Las «Lunadas»; ensueño de promesas e ilusiones, bajo la «blanca y tenue luz de la luna». «Caricias amorosas… de la brisa marina», luna, mar y arena «cómplices de amores» que nacen al abrigo del calor de la fogata.
Regresando del «viaje»; de ese paraíso marítimo ya de nuevo en la calle Obregón y «Flores»,
Enfoco la atención en «una» cuadra de las cuatro que recorre el Tranvía, en esa parte de la avenida.
Desde la «Francisco y Madero» a la «Obregón».
Especificamente la parte que corresponde a la ubicada entre «Calle Altamira y Obregón». -Crucero donde entra el Tranvía a la calle Obregón, viniendo de la playa. atravezando el Canal de la cortadura.
Vecina de la «Aquiles Serdan», la calle «SimónBolivar», incluso la «Alameda» (Hoy Héroes de Chapultepec).
Barrió muy activo, comercial, social y hasta «mini industrial».
Incluyendo «La Rambla», a lo largo del «Canal de la Cortadura».La «memoria» -o lo que queda de ella-, nos remonta a 1957…
Dos años después del ciclón del 55, aunque hubo otros dos que afectaron a la ciudad, con una inundación que aún tiene mucho de que hablarse.
Pues ese barrió, sufrió el embate de la inundación. -Da testimonio: fotos del «Cine Altamira», con la corriente de agua subiendo a un tercio o más de edificio, en el Álbum publicado exprofeso.
A la rivera del «Canal de la Cortadura», las viviendas de madera hasta de dos pisos, sufrieron graves daños.
Hay que dejar volar la «imaginación», para transportarnos a ese paisaje porteño de ese año. -El Canal de la Cortadura, distaba mucho del actual.
Apenas estaban poniendo los pilotes de tronco de palma a lo largo del Canal para poner el concreto, desapareciendo algunos puentes de madera de paso, cambiando el panorama del lugar.
Las lanchas «navegaban» a «remo» desde la bocana del río Pánuco, hasta el puente de «La Estrella», había incluso: intrépidos que atravezaban el río Pánuco, sin más energía que sus brazos.
En el «canal», se deslizaban entre la «flota de barcos pesqueros», refugiados en la mini bahía de «La Isleta». -En tanto, no faltaban los intrépidos «atarrayeros», entre los barcos.
Algunas lanchas ya tenían «parada» referencial a lo largo del Canal.
Una de ellas, «El Mercado 18 de Marzo», -pequeñas «barcazas» estacionadas con productos al mayoreo de «Cabo Rojo»: «Piñas», «Sandías», «Plátanos», «Naranjas» y más.
El bullicio y el comercio semeja la ciudad china de «Zuzhou», conocida como la «Venecia de Oriente».
En ese punto se encuentra el «puente», que atraviesa el canal, por la hoy calle «Ignacio Zaragoza», ruta de los autobuses y carros rumbo al «Golfo» y la «Barra».
Por cierto esa calle tiene algo de historia pues antiguamente conducía a los «baños», de los que de ser posible hablaremos otro día.
Otra parada, no precisamente pública. -El puente de «Las Flores», donde pasaba el Tranvía atravezando el «Canal de la Cortadura», sobre gruesos y macisos troncos de madera, para entrar a la «Mainero», rumbo a la playa.
Un mini muelle, doméstico, bajo la construcción de madera de una vivienda permitía el desembarco de algunos pasajeros.
Y finalmente la parada en el puente de «La Estrella», punto referencial para comprar las «Jaibas»,
-¡Que digo!,
-«Jaibones Azules».
Sacados de la «Laguna del Carpintero», producto -«Made inn Tampico»-, que le dió mucha fama al puerto.
Ese 1957, nos llevó a una vivienda. -«cuarterias de madera», enfrente de la puerta principal del Colegio ICIE»; ubicado en la calle «Flores», entre Altamira y Obregón.
Quedaba atrás semanas de vivir en el corazón del «Triángulo», «-Zona Roja», que dió refugio a las mujeres «públicas». -trasladadas del «Barrio de la Union», a ese lugar para moralizar el antiguo barrio de prostitución.
En la calle «Flores», y -en «particular» ese lugar contaba con largas «cuarterias viejas y sobrevivientes del ciclón».
Ocupaban gran parte del solar de la cuadra, que daba vuelta por la Obregón, rumbo a la calle «Bolivar», -Esquina: «sede» de «La Tequileña».
Cantina de madera, con «escupitera», sobre un pequeño canal a lo largo de la barra, y un piso tapizado de «cáscara» trepidante de «Camarón de Tierra». -Refugio de «choferes» de los llamados autobuses «Rojos», que estaban al otro lado del canal.
Pues… un «buen o malo día». Amanecimos «apretujados», en la vivienda de madera vieja, crujientes, por donde se colaba la luz de los vecinos en los agujeros que hacían los «maestros» de la «polilla». Dos cuartos y baño colectivo.
O sea, que; -¡La intimidad no existía!
«Intimidad» que causaba:-chismes, pleitos, celos y brujería en todas las vecindades de la ciudad.
Por las noches, el «crujir» de la madera apolillada, y las sombras que atravezaban la luz por las rendijas, no nos daban miedo, nos daba «vuerguenza» que ojos misteriosos estuvieran de «voyeristas».
Mientras de vez en cuando el chirriar de las llantas de metal del Tranvía que pasaba día y noche por la calle, nos despertaba, hasta que finalmente nos acostumbramos a su sonido, al «tilín», «Tilín» de su companilla.
Mi padrastro metió la «Chandler», que trajo desde la Colonia Portales de la Ciudad de México, o sea: -los cuartos además de «taller de imprenta», se utilizaban como vivienda.
Mi colchón: -«los desechos de papel» a un lado de la máquina. Aún traigo conmigo el olor a tinta, de imprimir en cada bocanada de aire.
Imaginemos la actividad comercial de esa cuadra comenzando por la calle Altamira, sobre la acera de la cuarteria.
En la esquina «La Farmacia Lister», construcción de dos pisos.
Al pasar la esquina, una misteriosa construcción siempre cerrada al parecer un centro nocturno, cantina o que se yo.
Luego un taller de hojalateria o mecánica cuyo cliente principal parece era «Tampico Sales».
Y a partir de ahí hasta la calle «Obregón», la -«Cuarteria de Madera», una vecina que nunca supe quien era.
Enseguida la familia «Pereton», -,así les decían.
Luego nosotros, con el ruido de la «máquina de pie». Hoy entiendo, debió ser molesto a los vecinos.
Enseguida la «Sastrería Mendoza». -Familia numerosa pero muy amable, igual que nosotros la vivienda y el negocio en el mismo lugar.
Enseguida «La Zapatería del Obrero», no solo reparaban ¡Hacían o fabricaban zapatos!
Debió ser muy exitosa pues tenían un toldo que abarcaba toda la banqueta y un aparador, signo de buenos tiempos.
Al lado una tienda en decadencia de un español ya envías de extinción, y finalmente la esquina donde al poco tiempo mi padrastro instalaría la «Imprenta».
La dichosa «Cuarteria» era «vecina» por la parte trasera de un «terreno», que decían había sido un «Cine»; cuya entrada principal estaba por la calle Altamira, justo frente a la escuela para «niñas «Mariano Matamoros».
La acera de enfrente, contaba con la Agencia de Automóviles de «Tampico Sales». -con un galeron de recepción de vehículos.
Enseguida el «Colegio ICIE»;
-Cómo brevario, vale recordar que esté colegio bajo la dirección de una directora muy moralista entre civil y religiosa educaba a las niñas y niños con tal rigidez que al salir de ahí, la mayoría ya contaba con empleo.
luego un local de venta de «Tepache» y «Huapilla». -Con el tiempo cedieron el local para instalar las oficinas de los tranvías.
Finalmente una «Peluquería», que debió tener años de «gloria», pues contaba con una área para «bolear», especie de trono alto muy amplia; a cargo del «Bolas», -así le decían al «bolero».
Tres sillones de peluquero, y sus instrumentos para calentar agua. Los cueros colgando de cada sillón donde refilaban la navaja de corte.
Lo que más atraía la atención. -La inmensa galería de fotos de «Jugadores de Beisbol», resaltando particularmente los del equipo «Alijadores de Tampico», históricos, pues atraían publico desde Papantla, Ver., y Cd. Valles, llegaban los aficionados. -Tampico, era el corazón de las huastecas.
Y por último, la cantina «Villa del Mar», esa si que brillaba todo el día esparciendo su ruidosa sinfonola por todo el barrio con sus canciones de la «Sonora Santanera», -«Amor de Cabaret».
«La Sonora Matancera» -«Te Odio y te Quiero». Y todo un repertorio de la época.
Ese barrió debió ser muy cosmopolita, pues ahí estaba el «Cine Altamira», en la «Alameda», las Carpas de «Gordo Mauro», cerca de ahí «El Banco Catalizador de Tamaulipas y las Huastecas», una serie de Sastrerías, la «Casa Amor», y cercano la Iglesia de las «Mercedes» y como dije al parecer un Cine atrás de la cuarteria de madera.
En tan solo un pequeño espacio urbano: la escuela para niños «Rosas Moreno»; para niñas La Mariano Matamoros»; el Colegio Tampico»; un Colegio de Monjas al lado de la Iglesia; la «Academia Salvador Díaz Mirón»; y por último en la calle Obregón «El Colegio Alborada», si mi memoria no me falla.
Sin olvidar el Gimnacio del famoso «Chocomilk».
Al poco tiempo, el taller lo mudamos a la esquina de Flores y Obregón; donde termine en forma lirica de aprender el oficio de impresor, aunque particularmente me enfoque a las «cajas»; oficialmente es «Cajista».
Pues estos y muchos otros más son recuerdos, de la avenida de las «Flores», que dejaron profundos recuerdos de mi infancia-adolescencia.
Gcv…15-Enero-2025